Un artículo de la web Church Militant se ha hecho eco de una entrevista en la que un hombre que se autoidentifica como Mike Yeadon, ex-trabajador de Pfizer, sugiere que se dejen de administrar las vacunas contra la covid-19 si no se conocen cuáles serán los efectos secundarios. Es una afirmación ENGAÑOSA: sí, es imposible predecir cómo va a reaccionar el cuerpo de cada persona de forma individual a la vacuna, pero ya se conocen muy bien los efectos secundarios más frecuentes

“¿Dónde está la ética en medicina? Paren de dar esas vacunas experimentales a la gente si no conocen los efectos secundarios que tendrá. Paren de dársela a gente que no está en riesgo de morir por el virus. ¡Paren! La gente está muriendo”

Para que una vacuna o cualquier otro fármaco sea aprobado por las agencias de regulación de medicamentos, deben superar las diferentes fases de los ensayos clínicos, que certifican su seguridad. La frecuencia de los efectos secundarios se observa ya desde la fase I, mucho antes incluso de analizar la eficacia de la inyección.

Sobre las vacunas contra la covid-19, se sabe que la mayoría causan efectos secundarios leves como fiebre moderada y enrojecimiento en el lugar de la inyección. Aún es pronto para conocer los efectos secundarios más raros, que suelen aparecer a partir de la fase IV de los ensayos clínicos, debido a que pasamos ya de trabajar con miles de voluntarios, a hacerlo con decenas de miles ubicados en diferentes países, por lo que la muestra es mucho más representativa, variada e informativa.

Balance riesgo-beneficio

El supuesto médico también ha insistido en que hay que dejar de dárselas “a las personas que no corren el riesgo de morir por el virus” ya que, al no conocerse los efectos secundarios, esto podría ser contraproducente. Precisamente uno de los aspectos que más tienen en cuenta las agencias reguladoras como la Agencia Europea del Medicamento (EMA, por sus siglas en inglés), algo a lo que llaman el balance riesgo-beneficio, esto es, si los beneficios de vacunarse son mayores o no que los riesgos que conlleva: “En países donde hay otras opciones de vacuna, se puede considerar limitar el uso de la vacuna de AstraZeneca o la de Janssen, que son las que se han asociado a los casos raros de trombosis, a los grupos en que la vacuna representa un mayor beneficio-riesgo, es decir, personas de 50 años hacia arriba”, recuerda Adelaida Sarukhan, inmunóloga y redactora científica de ISGlobal. Al parecer, estas personas tienen un riesgo mucho mayor de hospitalización o muerte por COVID y, “por lo que se ha visto hasta ahora, un riesgo menor de desarrollar este tipo de trombo”, apunta. Ese es uno de los motivos por los que no se está recomendando la inyección de AstraZeneca en menores de 30 años en Reino Unido, pues habiendo otro tipo de vacunas disponibles para este grupo, no consideran que compense exponerlos a riesgo de trombosis, por muy raro que sea este efecto secundario.

Sin embargo, el cálculo beneficio/riesgo también depende de la probabilidad de infectarse: “En lugares con una alta incidencia de casos, la vacuna aporta muchos más beneficios que riesgos, incluso en las poblaciones más jóvenes”, señala la inmunóloga.

Por otro lado, hay que recordar que vacunar no solo es una forma de proteger al que la recibe, sino también al resto de la población. Un estudio reciente de los Centros de Control y Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) ha indicado que la vacuna contra la covid-19 es capaz de bloquear la transmisión —lo que se conoce como inmunización esterilizante—, además de evitar el desarrollo de cuadros graves de la enfermedad, aunque de momento se desconoce en qué porcentaje ocurre. Esto significa que vacunar a grupos de población que no corren el riesgo de morir por el virus es beneficioso como forma de evitar la infección en otros grupos que sí son más vulnerables

Por favor, síguenos y comparte: