5º Domingo de Pascua (Jn 15, 1-8)

Por P. Antonio Escobedo C.M.

Ya han pasado cuatro semanas de Pascua y hoy empezamos la quinta. Durante el resto de los domingos de Pascua escucharemos en el Evangelio las palabras que pronunció Jesús durante su Cena de despedida. Con ellas da a sus discípulos consignas para cuando Él falte. Sus mensajes también nos ayudarán a nosotros a entrar cada vez con mayor fuerza en la vida nueva del Resucitado y las consecuencias que tiene para nuestra fe. No debemos cansarnos de celebrar nuestra fiesta principal que dura siete semanas: nuestra fe cristiana es fundamentalmente alegría y visión optimista.

También en dirección de Pentecostés, a muchos nos ayudará el recuerdo de la Virgen María durante el mes de mayo. Ella es el mejor modelo que tenemos para sumarnos a la Pascua de Jesús; ella, que la vivió muy de cerca y se dejó llenar otra vez por el Espíritu junto con la comunidad, nos enseñará tomar el sentido más profundo de esta fiesta.

En el evangelio de hoy, Jesús se compara a sí mismo con una vid y a sus discípulos con los sarmientos (los domingos pasados había utilizado las expresivas metáforas de la puerta, del pastor o del pan). Si el sarmiento se separa de la cepa se seca y no da fruto. Mientras que, si se mantiene unido, puede dar fruto abundante. Esta comparación expresa muy bien la importancia de Cristo Jesús para nosotros. Aunque no vivamos en el campo y no hayamos visto muchos viñedos de cerca, todos podemos comprender lo que quiere decir Jesús cuando afirma que “el sarmiento no puede dar fruto por sí si no permanece en la vid: así tampoco ustedes, si no permanecen en mí”. Si los domingos pasados se nos invitaba a sentirnos hijos y a sentir la protección del pastor por sus ovejas, esta vez la comparación es más profunda: somos como los sarmientos unidos a la cepa principal que es Cristo, de la cual recibimos vida.

En este pasaje aparece siete veces un verbo que le gusta mucho a Juan: “permanecer”. También aparece siete veces la expresión “en mí” y “en la vid”. Ahí encontramos los puntos donde el evangelista quiere que pongamos nuestra atención. Si queremos tener vida y dar fruto tenemos que permanecer en Él. Nos lo dice claramente: “Sin mí no pueden hacer nada”. Estar unidos a Cristo como los sarmientos a la vid supone también ese aspecto que recuerda Jesús: “Mi Padre, al sarmiento que da fruto lo poda, para que dé más fruto”. ¿En que se tiene que notar que estamos verdaderamente unidos a Jesús?

Muchas veces nos quejamos de no ver fruto en nuestros muchos esfuerzos por hacer el bien. Tal vez se debe a que no cuidamos suficientemente nuestra unión con Cristo Jesús y con su Espíritu. ¿Cómo no vamos a debilitarnos y convertirnos en viña estéril si descuidamos esta unión?

Es importante observar que, para Juan, el verdadero amor se fundamenta en Dios. ¿Cuáles son los mandamientos que hay que guardar? Para el evangelista son dos: “que creamos en el Hijo, Jesucristo, y que nos amemos unos a otros”. La fe y el amor. Las dos cosas. Ninguna es más importante que la otra. Si nuestro amor se basa solamente en lo que siente nuestro corazón entonces dejará de recibir la sabia de la vid que es Jesús y tarde o temprano se marchitará. Cuando amamos ¿se trata de un mero sentimiento humano o es manifestación del amor de Jesús?

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 2 de mayo de 2021 No. 1347