Las distintas advocaciones marianas son títulos o nombres con los que se le llama a la Santísima Virgen María en un determinado templo, santuario, poblado, etc., o a una imagen suya determinada; pero en todos los casos se trata de la misma Madre de Dios, así que es un tanto equivocado decir que se es más devoto de “una Virgen” que de “otra”. En todo caso, lo que ocurre es que se siente mayor atracción hacia determinada acción o acontecimiento mariano, ya sea de tiempos bíblicos o posteriores (la Anunciación, su Siete Dolores, las apariciones en Fátima, etc.), o a una representación escultórica o pictórica suya.

El Carmelo es bíblico

Lo cierto es que la advocación a la Virgen del Carmen es una de las más queridas. En cuanto al nombre, le viene del Monte Carmelo, que más que un monte es una cadena montañosa de Palestina, y se le menciona varias veces en el Antiguo Testamento.

El pasaje más famoso es el que se relata en el capítulo 18 del Primer Libro de los Reyes, cuando el profeta Elías, durante el reinado de Ajab —a mediados del siglo IX antes de Cristo— convocó ahí a los 400 sacerdotes paganos de Baal y lo 400 de Aserá, y Dios se manifestó haciendo bajar fuego del cielo y consumiendo al instante el holocausto preparado por el profeta.

También en tiempos de Ajab, Elías anunció desde el Monte Carmelo el final de una larga sequía (cfr. I Re 18, 41-45). Además, en dicho pasaje el profeta manda a su servidor mirar el horizonte por siete veces hasta que finalmente se divisa una pequeñísima nube que, sin embargo, acaba por crecer y producir una copiosa lluvia después de 36 meses sin agua. Dicha nube ha sido interpretada teológicamente como imagen o figura de la Virgen María, la cual trajo a su Hijo Jesucristo, quien llega como la más provechosa lluvia de gracias para todos los pecadores.

Los monjes del Carmelo

Hay evidencia arqueológica de que desde al menos el siglo III algunos cristianos griegos, inspirados por las vidas de los profetas Elías y Eliseo —que habrían ido a este sitio con sus discípulos estableciendo una tradición contemplativa—, se instalaron en el Carmelo para iniciar una vida de retiro y oración.

Y en el siglo XII algunos penitentes peregrinos, provenientes de Europa, se establecieron en el Monte Carmelo para llevar una vida monástica, escogiendo como su santa Patrona a la Santísima Virgen, naciendo así la advocación de la Virgen del Monte Carmelo, o Nuestra Señora del Carmen. Y desde ahí su Orden y su devoción se extendieron por todo el mundo.

La Virgen se aparece

El 16 de julio de 1251 la Santísima Virgen María se le apareció al inglés san Simón Stock, superior general de la Orden Carmelita, quien le había rogado a la Madre de Dios que le diera una señal de su protección. Ella apareció rodeada de ángeles, cargando al Niño Jesús, y le presentó el santo el escapulario de la Orden, diciéndole:

“Éste será privilegio para ti y todos los carmelitas. Quien muriere con él, no padecerá el fuego eterno, es decir, el que con él muriere se salvará. El escapulario será un signo de salvación, de protección ante el peligro”.

La Virgen en su advocación del Carmen se le apareció al Papa Juan XXII, revelándole: “Yo, Madre de misericordia, libraré del Purgatorio y llevaré al Cielo, el sábado después de la muerte, a cuantos hubiesen vestido mi escapulario”. A esto se le conoce como Privilegio Sabatino porque fue promulgado por dicho Papa a través de la Bula Sabatina el 3 de marzo de 1322, confirmada después por más de veinte Papas.

Además, en la última aparición de la Virgen en Fátima, o sea el 13 de octubre de 1917, Ella se apareció vestida con el hábito carmelita y con el escapulario en la mano, como invitación a que todos lo usen como parte de su consagración al Corazón Inmaculado de María.

TEMA DE LA SEMANA: «VIRGEN DEL CARMEN: CON ELLA VAMOS DE CAMINO»

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 18 de julio de 2021 No. 1358