Por Isabella H. de Carvalho, I.Media

Entrevista con la doctora Alisahah Cole,  vicepresidenta de CommonSpirit Health

En agosto de 2021, alrededor del 50% de la población de los Estados Unidos está  totalmente vacunada. Sin embargo, en este país de 328 millones de habitantes, la cobertura de vacunación sigue siendo desigual, ya que ciertos grupos raciales y sociales siguen teniendo bajas tasas de inoculación.

Dado que la variante Delta de COVID-19, más transmisible, ha aumentado las infecciones en todo el mundo, es aún más crucial llegar a los segmentos más vulnerables de la población.

La agencia nacional de salud pública estadounidense, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés), recopila datos sobre las tasas de vacunación en todo el país según la raza, el sexo y la edad.

Aunque estos datos muestran que desde enero de 2021 se ha producido una cierta mejora en la superación de la brecha racial en la campaña de vacunación, puede constatarse que las desigualdades siguen existiendo.

A fecha de 1 de agosto, los CDC informan de que de las personas vacunadas de las que se conoce su raza (63%), alrededor del 60% son blancas frente al 16% que son hispanas o latinas, el 9% negras y el 6% asiáticas.

Las poblaciones negra e hispana fueron también las más afectadas durante la pandemia de COVID-19, y sus miembros murieron en mayor proporción.

“Rápidamente, cuando se empezó a hablar de la vacuna, identificamos la necesidad de dirigirnos realmente a esas poblaciones que probablemente tendrían dudas”, explica en esta entrevista la doctora Alisahah Cole.

La doctora Cole es vicepresidenta de salud e innovación de CommonSpirit Health, una asociación sanitaria católica sin ánimo de lucro de los Estados Unidos.

CommonSpirit es uno de los mayores sistemas sanitarios en ese país, con unos ingresos de 29.500 millones de dólares, 137 hospitales y mil centros de atención en 21 estados.

Como sistema sanitario católico, la misión de CommonSpirit consiste en  tratar de ayudar a los más vulnerables, especialmente en el contexto de un país como Estados Unidos, que no tiene un sistema sanitario universal. Esta misión también implica  tratar de llegar a las poblaciones que se han quedado atrás en la campaña de vacunación.

Así responde la doctora Cole a nuestras preguntas.

–¿Cómo analiza la brecha racial que existe en la campaña de vacunación en Estados Unidos? ¿Por qué hay tasas de vacunación más bajas entre ciertos grupos raciales?

–Doctora Cole: Hay muchas razones por las que las comunidades de color dudaban en vacunarse. Una de las razones clave al principio fue la desconfianza en el sistema sanitario de este país, dada la historia. Se han realizado investigaciones médicas en comunidades de color sin que lo supieran, estoy pensando en el Experimento de la Sífilis de Tuskegee, que se prolongó hasta los años 70, [en el que se dejó a unos 400 hombres negros de Alabama sin tratar la sífilis durante más de 40 años con fines de investigación]. Pensamos que algunas de esas cosas ocurrieron hace mucho tiempo, cuando la realidad es que todavía hay personas que vivieron eso y esa fue la historia que se contó a sus amigos, a sus familiares, a sus comunidades.

Creemos que es muy importante que seamos honestos y reconozcamos que entendemos que puede haber razones por las que algunos pueden dudar, dado el trauma histórico que experimentaron por parte del sistema sanitario. A menudo no queremos hablar de esas cosas, pero creo que fue útil ser muy directos y decir “te escuchamos, te reconocemos, validamos tu experiencia y déjame contarte por qué creemos que esta vacuna es segura para ti”.

–¿Cómo ha llegado CommonSpirit a los más vulnerables en la campaña de vacunación?

–Doctora Cole: Una de las primeras cosas que hicimos fue crear recursos de comunicación, manuales y herramientas para que nuestros agentes de salud pudieran llegar directamente a algunas de esas poblaciones vulnerables: personas de diferentes orígenes étnicos, poblaciones rurales, etc. Tenían diferentes razones por las que podían dudar en vacunarse. Tratamos de desmentir muchos de los mitos que circulaban por ahí y de guiarnos por la ciencia.

Cuando empezamos a administrar la vacuna, rápidamente nos dimos cuenta de que la gente tenía barreras. Algunos no podían acercarse a los eventos masivos de vacunación comunitaria que se celebraban en muchas ciudades, por lo que el transporte era una barrera. A veces el idioma era una barrera, especialmente para nuestras comunidades hispanas, así que nos aseguramos de tener personal disponible para hablar con ellos y administrar la vacuna en un idioma que entendieran. A veces eran barreras laborales, ya que había mucha gente que no trabajaba desde casa.

¿Cómo podíamos, en lugar de esperar que la gente viniera a nosotros y se vacunara, salir a su encuentro? Creamos iniciativas de vacunación móviles. Nos acercábamos a algunas granjas para vacunar a los trabajadores agrícolas migrantes. Íbamos a los centros de asistencia, en los que se encontraban muchos de nuestros ancianos, o a los lugares de trabajo de la gente para vacunar a los empleados in situ. Realmente nos pusimos en el lugar de nuestros pacientes para plantearnos: ¿cuáles son las barreras? ¿Es el miedo, la desconfianza, el transporte? Había muchas barreras y nos pusimos a pensar en cómo superarlas.

Otra de las cosas que hicimos fue asegurarnos de que los médicos, las enfermeras y las personas procedentes de comunidades a las que intentábamos llegar fueran sus portavoces. Siempre digo que el mensaje es importante, pero a veces el mensajero es aún más importante. Nos aseguramos de identificar a esas personas, de darles toda la información que necesitaban. Luego se encontraron con su propia comunidad y mantuvieron la conversación sobre la vacuna y sobre por qué es segura. Dado que esas comunidades corren un mayor riesgo, era aún más importante que se vacunaran. Definitivamente, no fue una varita mágica en la que tuviéramos una solución, sino que hubo muchas soluciones diferentes que tuvimos que crear e idear. Cada comunidad a la que servimos era única a su manera y fue un esfuerzo de colaboración multidisciplinar.

–¿Qué lecciones cree que CommonSpirit puede transmitir a otras asociaciones o estados que luchan por ofrecer un acceso igualitario a las vacunas? 

–Doctora Cole: Lo primero que diría es que hay que reconocer que habrá ciertas poblaciones que se verán desproporcionadamente afectadas. Nosotros, como proveedores de atención sanitaria, solemos reconocer cuáles son esas  poblaciones. Hay que hacer una auténtica reflexión a la hora de elaborar el plan para asegurarse de que se tiene un plan estratégico sobre cómo llegar a las poblaciones vulnerables.

En segundo lugar, si están disponibles, hay que servirse de los datos. Sé que no todo el mundo tiene acceso a una gran cantidad de análisis de datos, pero si  es posible, estos se convierten en una gran  ayuda.

En tercer lugar, hay que asociarse con otros agentes sociales. Una de las cosas que hemos aprendido en todos los lugares  en los que operamos es que los agentes sociales son decisivos. Pueden ser agentes en los que normalmente no se piensa: en nuestro caso, por ejemplo, nos asociamos con otros sistemas sanitarios que, en algunos casos pueden ser competidores. También nos asociamos con muchas organizaciones religiosas, no solo del ámbito católico. Asimismo, nos asociamos con agentes educativos para organizar eventos sobre vacunas y proponer sesiones educativas en sus campus.

Lo último que diría es necesario poder medir el impacto de tu actividad. Si has puesto en marcha algún tipo de programa o proyecto para mejorar algo, deberías medir y controlar tu éxito. Establecer ese marco de medición mientras se elabora el programa es muy útil. Hay que evitar concebir el programa y luego, al final, tratar de mirar hacia atrás y decir “bueno, ¿qué impacto hemos tenido?”.