Por Jaime Septién

El Premio Nobel de la Paz 2006, Muhammad Yunus, creador del Grameen Bank (el Banco de la Aldea), decía una verdad muy grande: que la pobreza no la crean los pobres, la crea el sistema. “Y el sistema que ha creado la pobreza no puede eliminarla porque continúa reproduciéndola”.

En otras palabras: el sistema político y el económico necesitan que los pobres sigan siendo pobres. Y mientras más pobres haya, más confirma su necesidad de prevalecer en el tiempo. Un círculo vicioso que –por lo menos en México—no se ha podido romper.

¿No se ha podido o no se ha querido? Las dos cosas. Una, por falta de visión. La otra por olvido de lo que somos capaces, cada uno de nosotros. En esencia el tema de la pobreza, y con ella el del hambre, permanece: se agiganta.

Locura –decía Einstein—es hacer las mismas cosas y esperar resultados diferentes. Hoy presentamos, así sea en forma muy breve, una radiografía del hambre en el mundo y en México. Luego, tanto lo que podemos hacer tú y yo, desde nuestro metro cuadrado.

Documentamos algunos ejemplos mundiales y locales de personas que dijeron ¡basta! y se pusieron a trabajar para olvidar la queja, cambiarla por acciones concretas y combatir el hambre de sus vecinos.

¿Es posible acabar con el hambre en el planeta? No lo sé. Lo que sí sé es que puedo acabar con el hambre del que vive cerca de mi ciudad o de mi colonia. Incluso en mi barrio. Hay muchos testimonios sencillos que imitar. El primero: Jesús (cuando les dijo a sus apóstoles: “Denles ustedes de comer”).

PS. Nosotros somos sus apóstoles.

TEMA DE LA SEMANA: UN MUNDO CON HAMBRE: ¿QUÉ PUEDO HACER YO?

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 10 de octubre de 2021 No. 1370