Por Tomás de Híjar Ornelas, Pbro.

Hace falta ayudar a reconocer que el único camino
consiste en aprender a encontrarse con los demás
con la actitud adecuada, que es valorarlos y aceptarlos
como compañeros de camino, sin resistencias internas.
Mejor todavía, se trata de aprender
a descubrir a Jesús en el rostro de los demás,
en su voz, en sus reclamos.

Papa Francisco

Sin más datos disponibles para analizar más contenidos que los aquí expuestos, dedicó los párrafos que siguen a la CXI Asamblea Plenaria de la Conferencia del Episcopado Mexicano, que del 8 al 10 de noviembre del presente año pudo, luego de dos años, sesionar en su sede propia, la Casa Lago, en Cuautitlán Izcalli, con la que concluye el trienio 2018-2021, que encabezó el arzobispo de Monterrey, don Rogelio Cabrera, y cuya agenda,  por esto mismo, fue de evaluación e informes de la comisiones especiales tanto como de elección para 80 cargos de la estructura funcional de la CEM (los obispos electores, residenciales o auxiliares, allí convocados son 127), y su núcleo, la elaboración y aprobación del objetivo general, de los ejes transversales y prioridades pastorales del trienio poscovid (añadimos nosotros esta palabra) 2021 – 2024, teniendo a la vista el Proyecto Global de Pastoral 2031-2033 y la Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe de abril del 2022, engastada ya en el Sínodo de los Obispos recién inaugurado por el Papa Francisco.

En su Mensaje de apertura, don Rogelio hizo un repaso obligado de los efectos perniciosos de la pandemia en el pueblo y en el clero; la postración económica, la inseguridad y la violencia, para luego advertir también el modo como las diócesis han aprovechado los medios virtuales para la evangelización y la catequesis y hasta para transmitir en vivo la Eucaristía, no menos que el apoyo humanitario a los más necesitados.

Enfatizó las prioridades que la CEM ya contempla en su plan y sostiene en este orden: los migrantes, los jóvenes y los sacerdotes. De los primeros, reconoció se ha triplicado en las diócesis de la frontera sureste hasta convertirse en una crisis humanitaria mayúscula y que obliga a tender puentes de diálogo con quienes se niegan a recibir a los migrantes y a darles trabajo “Rechazar a un migrante, tenemos que gritarlo, es rechazar a Jesús”, aclaró.

Rescatar a los jóvenes de la violencia, del narcotráfico, de la prostitución y de la trata de personas “con ambientes más sanos que les ayude a desarrollar su espíritu juvenil”, aceptó, es una realidad muy distante a la que hoy ofrecen las estructuras eclesiales a las personas de este rango.

Finalmente, la exigencia que a los obispos compete como tarea fundamental, la de atender y estar cerca de su presbiterio a través de “experiencias de acompañamiento y formación permanente” favorable a la “conversión personal y pastoral”.

Cerró su mensaje aludiendo al Encuentro Eclesial de México, la Asamblea Eclesial de América Latina, y el Sínodo sobre la Iglesia Sinodal como una ocasión para “vivir la globalidad” de la Iglesia pero “pensando globalmente y actuando localmente” en el marco, para quienes vivimos en México, de “un clima social y político cada vez más polarizado”

En las mismas circunstancias, don Franco Coppola, Nuncio Apostólico en México, ofreció su Mensaje y en él lo que el Papa pide a los obispos de México: iniciar un camino sinodal que no produzca documentos sino un itinerario común “para construir un mundo más hermoso y más habitable”, lo cual implica extirpar en la Iglesia las practicas desordenadas y tratar a todos como compañeros de viaje; escuchar, tomar la palabra, celebrar, siendo corresponsables en la misión; dialogar en la Iglesia y en la sociedad, con las otras confesiones cristianas, con la autoridad y en participación como requisito para discernir y decidir desde la sinodalidad. El camino es largo y apenas comienza.