Con el Espíritu Santo presente, el alma encuentra paz y se deja guiar

Por Gaby Briones

Muchas personas allegadas a mí me han preguntado recientemente sobre cómo buscar un director espiritual.

Recuerdo que hace más de un año, me encontraba en la misma situación. Empecé a buscar literatura, pude comprar algunos libros, también buscaba en Google: cómo saber a qué sacerdote pedirle dirección y cómo habría de llevarla.

En los primeros años de mi conversión pude contar con un director espiritual maravilloso, el padre Andrés Castro, quien ya descansa en los brazos de mi Padre. Él me animó a brincar de un encuentro de llanto y de emociones al borde, a un camino sereno en donde la mayoría de las veces no iba a sentir a Dios cerca, aunque estuviera, y donde iba a pasar por pequeñas sequías y grandes desiertos. Esto me llevó a saber que el Espíritu Santo estaba iluminando al padre Andrés para lo que serían mis años posteriores.

No mucho tiempo después llegó la bendición de fundar la sección de jóvenes del Apostolado de la Cruz en mi parroquia y ahí tuve a mi segundo director espiritual, el padre Poncho López.

Sólo recordarlo me evoca una sonrisa, pues con él clarifique las mociones del Espíritu y cómo Él actuaba en mi alma si lo dejaba “rehacerme”.

Aunque mi dirección con él fue breve, ¡cuánto bien hizo a mi alma! Sigo recordando en mí día a día que debo permitirme sentir al Espíritu Santo, a veces como brisa suave o ligera, pero también como ráfaga que sacude a lo viejo.

Mi tercer director espiritual fue el padre Chava. He de mencionar que él y el Padre Poncho me fueron asignados por mi labor dentro de la espiritualidad, pues ambos fueron en su momento nuestros asesores religiosos y daban mucho rumbo e impulso a nuestros pasos.

En la dirección con el padre Chava comprendí cómo debía hacerme ofrenda, ver a profundidad cómo Jesús supo ser la Perfecta Ofrenda agradable al Padre, para poder vivir la espiritualidad de la Cruz en donde el Señor me llamara.

Mi dirección espiritual actual es, como decía al inicio, el resultado de una búsqueda que mi alma anhelaba y el reencuentro de las tres anteriores. He experimentado momentos de soledad y desasosiego, he podido recordar los consejos del padre Andrés: “Gaby, Dios quiere más de ti, camina y no te detengas”.

También atesoro las palabras: “donde tengas paz, ahí el Señor te quiere Gaby”, una de las frases emblemáticas del padre Poncho dentro de mi dirección que me orienta muchas veces a la semana. Y por último aquello de: “se es víctima y ofrenda junto con Cristo en donde Dios te pone Gaby”. Ésta última frase me la dio el padre Chava, en mi última sesión de acompañamiento.

Me fui dando cuenta que la solución a mi búsqueda de director espiritual se encontraba en la oración. Así que empecé a ir al Santísimo y ahí permanecía de 30 a 60 minutos. A veces le decía algo al Señor, a veces sólo lo miraba.

Recuerdo una tarde que le dije: “Señor sabes que tengo un deseo, pero sé que muchos de mis deseos los pones Tú en mi corazón, si de verdad quieres que sea dócil y que dé un paso más, envíame un sacerdote santo, sabio y sano que me ayude”. ¡Y de pronto empecé a escuchar la voz del padre Mario a lo lejos!

Días después pedí una cita para confesión. No pregunté qué padre podía darme el Sacramento, pero pensé: “con quién me den la cita es con quien Tú deseas que me dirija, Señor”.

Llegué puntual y al llegar estaba el padre Mario. Le pedí que si podía hacer una confesión general y me sentí en mucha confianza y paz. Al mirar sus ojos sentí que era el mismo Jesús que me miraba y me decía: “en adelante no peques más”, ésta fue para mí la total señal, así que al terminar la confesión le pedí que si podía ser mi director y aceptó.

Llevo casi un año en este camino y noto que ésta última dirección ha sido diferente, empezando porque mi estado de vida ha ido cambiando. Pero algo que puedo constatar en cada sesión de dirección es la presencia del Espíritu Santo.

Encuentro paz al abrir mi alma y poder ser guiada, tener una escucha y una respuesta acorde a lo que Dios quiere de mí implica muchas veces renuncia diaria, esfuerzo, pero sobre todo obediencia.

No siempre ha sido fácil obedecer, quisiera avanzar según mis impulsos, pero continuamente soy detenida, y aunque en ese momento me duele, con el paso de las semanas y meses, distingo que ese no era el camino y que sólo un alma que conoce de Dios puede guiar a otra alma extraviada.

Mi anhelo es que cada persona pueda dar ese paso y buscar un director espiritual, es como cuando alguien te da un regalo trascendente y una vez que lo tienes deseas que todo los demás también lo tengan.

Si tú también sientes la inquietud de tener un director espiritual, “entra en tu habitación y cerrando la puerta, ora a tu Padre, que está en lo secreto; y tu Padre, que ve lo secreto, te premiará”, Mt. 6, 6.

Verás cómo en tu oración vas a encontrar respuestas. Ten por seguro que estaré pidiendo a Dios por ti.

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Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 26 de diciembre de 2021 No. 1381