Bienaventurados los misericordiosos, porque alcanzarán misericordia

Misericordia viene de dos vocablos en latín: miser, que significa desdichado, y cor, que significa corazón. Así que el misericordioso es el que siente en el corazón la desdicha del otro, el que se compadece del que sufre.

En la actualidad, por una mal entendida misericordia, se le confunde con dejar al pecador instalado en su pecado, todo en nombre de la tolerancia, la diplomacia, el consenso, la amistad, etc., cuando en el fondo lo que se está buscando es la comodidad.

Pero Jesús dice: “Para esto he nacido y he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad” (Juan 18, 37). Decir la verdad —con caridad, claro está— es la más urgente forma de misericordia en un mundo que se hunde más y más en la depravación.

Quien es misericordioso se preocupa del bienestar físico y emocional de los demás; pero, sobre todo, de que alcancen la salvación eterna.

Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios

La pureza de corazón no indica, en el pensamiento de Cristo, una virtud particular, sino una cualidad que debe acompañar todas las virtudes, a fin de que ellas sean de verdad virtudes. Su contrario más directo es la impureza, pero también la hipocresía.

Jesús explica que la pureza o impureza de una acción, incluso si se le tiene por buena —por ejemplo, dar una limosna, ayunar u orar— es la intención con que se hace: si el que la realiza quiere ser visto por los hombres o si su finalidad es agradar a Dios.

Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios

También se traduce “bienaventurados los pacíficos”, pero no se trata de los pacíficos estáticos sino de los dinámicos: aquellos que son los constructores de la paz; mas no de cualquier paz, porque hay paces falsas.

Hay una paz según Cristo, que se asienta en la verdad; y otra paz que es sólo aparente. El Señor dice: “La paz que Yo les doy no es como la que da el mundo” (Jn 14,27). Y la Escritura añade que esto sucederá hacia el fin de los tiempos:

“Ustedes saben perfectamente que el Día del Señor ha de venir como un ladrón en la noche. Cuando digan: ‘Paz y seguridad’, entonces, de improviso, les sobrevendrá la ruina” (I Tesalonicenses 5, 2-3).

Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos

La “justicia” del hombre significa en las Escrituras la actuación grata a Dios; por tanto, lo contrapuesto a la maldad.

Así que esta Bienaventuranza no se refiere a los que huyen perseguidos por cualquier causa, sino por hacer el bien; por ejemplo, por mantenerse fieles al Evangelio y al magisterio bimilenario de la Iglesia; por defender la vida de los no nacidos, de los discapacitados y de los enfermos; por educar a los hijos en la fe en Cristo; por no someterse al pensamiento único; por proteger a la familia natural; etc.

Ésta es la Bienaventuranza más difícil, más intensa, porque pone en peligro la propia vida. Pero también es en la que Jesús hace mayor énfasis añadiendo estas palabras:

“Bienaventurados serán cuando los insulten y persigan y con mentira digan contra ustedes toda clase de mal por mi causa. Alégrense y regocíjense, porque grande será su recompensa en los Cielos, pues así persiguieron a los profetas que hubo antes de ustedes” (Mateo 5, 11-12).

Por tanto, la persecución, que cada día es más intensa —actualmente hay en el mundo unos 340 millones de cristianos perseguidos—, y que seguirá subiendo de nivel, no debe arrebatar la paz a sus discípulos; al contrario, aunque al mundo no lo parezca, cuando son acosados, perseguidos, calumniados o maltratados por causa de su fe en Jesucristo el Señor, es para ellos un día de victoria y de ganancia: “Porque grande será su recompensa será grande en los Cielos”.

Basta pensar cómo en otros tiempos de persecución —la del Imperio Romano, la de la época de la Cristiada en México, etc.—, tantos cristianos pidieron a Dios la gracia del martirio.

TEMA DE LA SEMANA: LAS BIENAVENTURANZAS: EL CAMINO DEL (VERDADERO) ÉXITO

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 26 de diciembre de 2021 No. 1381