PREGUNTAS DE NIÑOS

Todos los seres humanos somos pecadores; un pecado es una ofensa contra Dios, que ocurre cuando voluntariamente hacemos cualquier cosa que en el fondo sabemos que no es correcta.

Cuando cometemos un pecado, nuestra conciencia nos lo trata de decir, pero a veces tratamos de callarla diciéndonos que “no fue culpa mía” o “eso no es malo”. Lo cierto es que cada pecado grave que cometemos nos hace perder la Gracia, o sea que nosotros rompemos la relación de amistad con Dios.

Dios no se merece ni la más pequeña ofensa; así que, cuando pecamos, lo que en justicia debemos hacer es reconocer nuestras faltas y, arrepentidos de estas maldades, pedirle perdón al Señor.

De hecho, Dios está ansioso por perdonarnos, por devolvernos la vida de la Gracia; pero no puede darnos su perdón si no nos arrepentimos de nuestros pecados y acudimos al sacramento de la Confesión, también llamado sacramento de la Penitencia o de la Reconciliación.

Fue Dios mismo quien creó este sacramento para darnos la garantía de ser perdonados, y se realiza a través de los sacerdotes: “A quienes les perdonen los pecados les quedarán perdonados” (Juan 20, 23). Los sacerdotes no son en sí los que perdonan, sino el propio Dios que actúa a través de ellos; por eso al final, cuando dan la absolución, dicen: “Yo te absuelvo de tus pecados en el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”.

“Confiesen mutuamente sus pecados” (Santiago 5, 16). “Si reconocemos nuestros pecados, fiel y justo es Dios para perdonarnos y purificarnos” (I Juan 1, 9).

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 29 de mayo de 2022 No. 1403

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