Por Raúl Espinoza Aguilera

A lo largo del pontificado del Papa Juan Pablo II (hoy en día, santo) fue entrevistado por numerosos comunicadores, pero me parece que ninguna entrevista resultó tan profunda y reveladora como la que le hizo el escritor italiano Vittorio Messori que, por su extensión, se vio conveniente publicarla en forma de libro.

El contenido de este libro es tan rico, que Messori prefirió que la publicación la firmara Juan Pablo II, con el título: “Cruzando el Umbral de la Esperanza”. En este texto presenta reflexiones alrededor de temas claves, como: la existencia de Dios, el futuro de los jóvenes, los diversos planos del amor conyugal o las relaciones del cristianismo con otras religiones.

Resulta impactante la gran esperanza de un Papa que le tocó padecer la invasión de los nazis a su patria polaca. Al ser derrotado Adolfo Hitler y sus beligerantes tropas, los rusos llegaron al poder político de Polonia imponiendo el marxismo-leninismo, lo cual significaba la absoluta supresión de los derechos humanos y de las libertades de las que todo pueblo independiente goza.

Por ello, Juan Pablo II, en su toma de posesión como Romano Pontífice exclamaba, lleno de seguridad: “¡No tengan miedo!” Ese grito era porque el Santo Padre había padecido en carne propia a una dictadura implacable. Sufrió amenazas, persecución, se le espiaba continuamente y todo lo que decía ya sea en el confesionario o los sermones desde el púlpito se le grababa y sus palabras eran cuidadosamente analizadas por las autoridades soviéticas, pero nunca criticó al comunismo por ello no tuvieron pruebas para encarcelarlo. Todo lo contrario, este Cardenal nunca perdió su esperanza y alegría fincadas en Dios.

Por ello, algunos polacos que lo conocieron desde que trabajaba en la cantera, como un obrero más; o cuando era un intelectual muy dedicado al estudio de las lenguas eslavas y como actor de teatro universitario, y conocieron su evolución, primero como sacerdote, luego como Obispo y Cardenal hasta llegar a ser el Sucesor de San Pedro, derramaron sus lágrimas por la emoción y gozo al observar por televisión la alegría que en su rostro reflejaba -desde el primer momento- en que salió al balcón para saludar a la multitud de fieles que lo aguardaba y decir que “venía desde un país lejano” con un semblante optimista, lleno de serenidad y entusiasmo.

¿De dónde sacaba Juan Pablo II esa alegría y ecuanimidad? La respuesta es clara: era un hombre profundamente espiritual y confiaba plenamente en su Creador.

Todo esto lo captó a fondo Vittorio Messori, por ello sus preguntas fueron tan acertadas. ¿Pero este comunicador fue siempre un ferviente católico? Este escritor italiano procedía de una zona y de una familia abiertamente anticlerical. Después, los institutos educativos donde estudió eran completamente agnósticos, es decir, los directivos, profesores y alumnos vivían como si Dios no existiera, donde tiene prioridad “la diosa razón”, tomando ideas del Iluminismo francés y culminando en ser fieles continuadores del Positivismo del Filósofo Augusto Comte. Para los seguidores de esta corriente de pensamiento, “la religión les resultaba trasnochada, inútil e incluso fastidiosa, propia de siglos oscurantistas”.

Pero un buen día, mientras Messori elaboraba un trabajo que le habían dejado en la universidad sobre el libro “Pensamientos” de Blas Pascal. Debido a que su autor hacía tantas referencias a los “Evangelios”, este estudiante no tuvo más remedio que leerlos para comprender mejor el contexto de las citas de esta clásica obra de Pascal.

Vittorio comenta que esa lectura del libro de la vida de Jesucristo (leyendo a los 4 Evangelistas), comenzó a transformarlo interiormente. Afirmaba que todos sus prejuicios, su libertinaje sexual, el “esnobismo” intelectual, sus supuestas convicciones se rompieron en mil pedazos. “Fue una experiencia fulgurante, durísima, tierna y violenta a la vez”-confiesa este escritor.

También añadía: “Nunca he sido un místico porque mi temperamento es más bien racional. Esta especial experiencia me duró alrededor de un mes y ya nunca más volvió. Esto que me ocurrió y no me lo explico, sin una especial intervención del Creador”. Y continuaba: “Ahora ya no tengo dudas porque he adquirido una certeza absoluta en las verdades de fe. Aunque me pusieran una pistola en la sien, no abjuraría por respeto a la Verdad encontrada”.

Y concluye con estas bellas palabras: “Digamos, sin más, que ahora escribo para los hermanos que avanzan fatigosamente a tientas: acumulo razones para ellos, no para mí. A mí no ya me sirven y, lo repito, afirmo todo esto con absoluta modestia, temor y temblor”. Actualmente, continúa investigando y sigue publicando en diversos medios de comunicación. Por la originalidad de sus libros publicados, en el mundo intelectual se ha convertido en toda una celebridad.

 

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 9 de abril de 2023 No. 1448

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