Por Mary Velázquez Dorantes

Las festividades cristianas de Navidad deberían reflejar el mensaje del Evangelio. Generalmente nos preocupamos por arreglar nuestras casas, comprar regalos, hacer fiestas, pero la relevancia de las tradiciones durante esta época reside en la transformación del corazón humano y ver en el hermano el rostro de Jesús. Así que tenemos tiempo para compartir con el otro, llevar el mensaje de Dios y difundir la alegría de estas fiestas. En este número hablaremos de algunos actos que pueden convertirse en tradiciones navideñas, y que traerán mucho más de lo que creemos.

AGUINALDOS DE AMOR

Si buscas un obsequio que deje huella, puedes comenzar con regalos de amor. Recuerda que los aguinaldos se les dan a los niños y adultos, puedes confeccionar un mensaje de paz y esperanza en tarjetas sencillas. Puedes colocar frases bíblicas en una canasta de dulces y repartirlas cuando termine la posada. Puedes obsequiar abrazos a tus familiares, realizar una llamada telefónica a un ser que esté lejos. Puedes regalar tiempo con algún enfermo. El gran regalo de estas fiestas es el Hijo de Dios, así que podrías llevar su mensaje a una persona que este pasando por una crisis de ansiedad, depresión o tristeza. Los aguinaldos de amor nos ayudan a encontrarnos cara a cara con el hermano: una palabra de aliento, un mensaje de gratitud para aquellos que durante todo este año se esforzaron mucho. Aquí radica el poder y saber dar. Aprender a ser amable en una situación compleja, dar un consejo a quienes se sienten solos, son parte de estos aguinaldos.

LA CONVERSACIÓN Y EL DIÁLOGO

Esta época tiene su período de descanso, de convivencia, de encuentros. En caso de que no existan, ¿por qué no buscarlos? Los primeros cristianos cuando se preparaban para celebrar la natividad se reunían para conversar, intercambiar opiniones y, por supuesto, para orar. Así fueron las primeras comunidades orantes.

Podemos colocar como tradición el encuentro con el otro, un encuentro atento, lleno de escucha y de dialogo. Escuchar lo que el otro tiene que decir, reflexionar sobre temas actuales y cómo influyen en nuestra sociedad, compartir tiempo para analizar qué se requiere para ser más generosos. El primer círculo donde esto puede surtir efectos es la familia, luego los amigos, los compañeros de trabajo. Sin imponer, sin discutir, sin arrebatar la palabra, simplemente recrear el tiempo y espacio para saber qué piensan los demás y luego compartir tus pensamientos.

EL AYUNO

Muchas veces estamos enfrascados en un mundo acelerado, con ritmos vertiginosos, y es por eso que nuestra vida espiritual, en ocasiones, está deshidratada. Quizá este tiempo nos sirva para ayunar de aquello que nos provoca ansiedad, envidia, egoísmo. Puedes comenzar con un itinerario simple: dejar de criticar al otro, evitar conversaciones enfermizas, ayunar de pérdidas de tiempo (por ejemplo redes sociales), de compras innecesarias, de reuniones donde todo se desborde.

Cuando ayunamos le aportamos a nuestra vida espiritual un respiro para afrontar la vida terrenal. Nos llenamos de fuerzas porque estamos alimentando nuestro interior, nuestra alma. Tu ayuno también puede ayudar a tu familia, porque estarás concentrado en ella. Sin embargo, el ayuno va acompañado de lecturas y reflexiones positivas, de ir a misa, de leer algún pasaje bíblico. No tengamos miedo de resistir a la tentación, quizás esta pueda irse despidiendo de nuestras vidas.

PASTORELA EN FAMILIA

¿Hace cuánto la familia no se reúne en plan común? Si esto sucede puedes organizar una pastorela pequeña con los miembros de tu familia. Esta experiencia puede reunirlos, puede divertirlos, pero sobre todo puede ayudarles a descubrir talentos. Elabora un guion pequeño, utiliza villancicos, no exageres las situaciones o contextos, tampoco te burles. Utiliza este ejercicio tradicional de Navidad para compartir con los tuyos y luego poder convivir.

El maratón de películas, el juego online, la salida de compras, pueden esperar o pueden ser en otro momento. Aprovecha estos días para participar de las tradiciones de navidad, pero recuerda poder hacer tus propias tradiciones, las que dejen huella.

 

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 17 de diciembre de 2023 No. 1484

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