Por P. Fernando Pascual

Cualquier actividad que realizamos provoca pequeñas o grandes cadenas de resultados. Incluso actos tan sencillos como respirar o comer tienen sus consecuencias.

Normalmente los resultados son previsibles y benéficos. Al respirar, me oxigeno. Pienso mejor. Aprovecho más el tiempo. Termino la tarea. Respondo mensajes importantes. Aclaro malentendidos.

En ocasiones, sin embargo, se inicia una cadena de contratiempos que nos desgasta, incluso nos hace verlo todo con cierto pesimismo.

Pensemos en una escena en el hogar. No se enciende la computadora. Voy al cable y lo desenchufo. Al reenchufarlo muevo el codo, golpeo una taza de café y mancho un formulario importante. Al ir a buscar un trapo, por las prisas resbalo en la cocina. Al parar la caída, tumbo una botella de limonada…

Lo que iba a ser un simple acto para reencender la computadora ha iniciado una serie de contratiempos que me obligan a invertir más de media hora en reparar los daños, y a lamentar que tendré que ir nuevamente al ayuntamiento para solicitar un formulario limpio y presentable.

Las cadenas de contratiempos pueden ser mucho más graves, con daños en uno mismo y en otros. Si, además, reaccionamos con mal humor, en casa o en el trabajo otros sufrirán por culpa de nuestra rabia y susceptibilidad.

En ocasiones, algunos contratiempos producen beneficios sorprendentes. Basta con recordar (un hecho ocurrido en enero de 2025) la historia del pasajero que no pudo subir a su avión por el tipo de perro que tenía, y que así se libró de un accidente mortal…

La vida está llena de ángulos y de giros que hacen saltar nuestros planes y rutinas. Con sencillez, abordaremos cada cambio: es imposible que todo salga como desearíamos.

Luego, habrá que descubrir el sentido de esta nueva cadena de contratiempos, que nos invita a cambiar de planes, a aprender un poco de prudencia (hay contratiempos que causamos de modo culpable), y a seguir en el camino de la vida, llenos de confianza en un Dios que sabe sacar, a partir de males, nuevos bienes…

Imagen de Ryan McGuire en Pixabay

 

 


 

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