Por Rebeca Reynaud
Un sacerdote no sabía si una supuesta vidente era auténtica o no. Le comentó:
– Pregúntele a Jesús cuál fue mi último pecado.
Al cabo de unos días la vidente le dijo:
– Dice que no se acuerda.
Ojalá nosotros también olvidemos agravios y resentimientos, ¡e ir a otra cosa!
¿Cuál es tu misión? Quizás el cuidado de la familia. Cuidar a la familia implica atender su bienestar físico (nutrición, salud, seguridad del hogar), emocional y futuro (educación), fomentando hábitos saludables, estableciendo rutinas y promoviendo la autonomía, sin olvidar la importancia del autocuidado para poder cuidar a los otros.
“Si quieres cambiar el mundo ve a tu casa y ama a tu familia”, decía Teresa de Calcuta. La transformación del mundo empieza con la renovación del propio yo y de la familia,
Susana Christiansen se planteaba a sí misma: “¿Cómo saber exactamente lo que Dios quiere?”. Descubrió que Dios nos da pistas. Luego, oyendo a Fernando Ocáriz descubrió que la Voluntad de Dios es siempre la misma: Que amemos. Eso nos ayuda a discernir. ¿Qué debo amar? A Dios, a los demás, a la familia, a la ecología, a la propia vocación. Ya que de eso nos van a examinar.
¿Qué es el amor? El amor es poner atención. Lo más sagrado que tenemos es la familia. Son frecuentes las heridas que tienen lugar en el seno de la familia. Cuando ocurren esas carencias o deficiencias sólo Dios puede sanarlas. Cuando la familia falla, o se desestructura, solamente Dios puede suplir las carencias de ese amor humano.
La calidad de la caridad está en la capacidad de escucha, ¿cómo escucho a Dios y a los demás? Podemos “aprender a cuidar a nuestros amigos… descubriendo siempre de nuevo su valor… Querer a todos sin murmurar jamás, sabiendo comprender y disculpar los defectos de los otros”. El P. Fernando Ocáriz escribe: “La felicidad personal depende del amor que recibimos y del amor que damos”. Dios nos ha hecho de tal manera que no podemos dejar de compartir con otros los sentimientos del corazón. De ahí la enorme importancia, no solo humana sino divina de la amistad.
Siempre hay que plantearnos “¿por qué?”. Porque el tiempo es amor que se despliega. Debemos saber responder a la pregunta ¿por qué? Si no hay un porqué, nadie puede dialogar con nosotros. Yo decido cómo vivir un determinado momento. Si hacemos “una revolución del porqué” estaríamos cambiando las estructuras de la sociedad. Hay que dar un porqué decido ciertas cosas, así se humaniza la sociedad porque le ayudamos a pensar.
Fijarse en los ojos que le brillan a la persona que me está contando algo por quinta vez, me fijo en el brillo de sus ojos y me alegro de saber escuchar, y así saber amar.
San Agustín dice hay que evangelizar siempre, y a veces, con palabras. Una persona evangeliza si pone amor en el trabajo.
Un ex residente sin religión antes de irse, dejó un mensaje a los que organizaban el lugar: “Ustedes son lo más cercano a Dios que conozco, a ustedes no las veo, pero sé que me quieren”.
El sentido de pertenencia se desarrolla en el trabajo de cada día. Ese sentido se da en una familia, en una empresa, en una nación o en un equipo. Soy de la familia de Dios. Yo soy columna vertebral del otro y beneficiario de la filiación divina. “A través de esto estoy convirtiéndome en mensaje de Dios, recibo el amor de Dios primero yo, Dios nos contempla en el trabajo y en la oración. Dios me ve, está dentro de nosotros, y juntos hacemos las cosas. Es tiempo es amor que se expresa. El sentido de pertenencia es que hay equipo. Si trato de manifestar la ternura de Dios, cambia la vida.
A veces la gente se queda en silencio; cuando uno no habla -es lo más fácil- se queda en el nivel primero, es decir, en las personas. “No hablo porque están de mal humor”. Mi capacidad de amar se reduce a un momento afectivo. Hay estímulos que deben estar presentes. Separarse del hecho, ayuda, porque uno ve las cosas con perspectiva. De allí la importancia de leer libros que no tienen que ver con mi trabajo, o ver noticias o documentales sobre la naturaleza (sobre el fondo del mar, sobre los volcanes, etc.). Si llego al comedor y todos están en silencio, yo no puedo unirme a ese silencio. Si quiero aportar algo, voy a hablar del artículo que leí sobre la estrella polar, o lo que vi en Tele Mundo, eso alimenta el espíritu humano.





