Por Lucrecia Roper
Hay una advertencia de Jesús que pocos entienden: “El exceso de maldad enfriará la caridad de muchos; pero el que persevere hasta el final se salvará” (Mateo 24, 12).
La crisis actual es de falta de profundidad. Marca un umbral, un kairós. El trigo y la cizaña están siendo separados. El Señor pregunta: Si la persecución, la enfermedad o la ausencia de Dios llega, ¿qué harías? Jesús describe al creyente que oye la Palabra de Dios y se goza, pero no tienen raíz en sí mismo, no reflexiona. Hay cristianos adictos a la experiencia emocional. La fe no es un sentimiento, es una certeza en la oscuridad. San Juan de la Cruz enseña que, a veces, Dios retira los consuelos sensibles. La sequedad espiritual es parte del camino de la santidad. Allí puede empezar el enfriamiento. El demonio es repetitivo. Hay tres signos de alarma, son:
a) La pérdida del asombro sagrado. Ir a Misa era un acontecimiento: ahora miras el reloj en la homilía. El acostumbramiento a lo santo es el primer paso a la profanación; la rutina es el “anestésico”, el enemigo la usa para dormir tu conciencia antes de realizar la cirugía mortal;
b) la justificación de los pecados leves es camino hacia la destrucción, es una pendiente suave. Se piensa: “es sólo un programa de TV”, “es un poco de chisme sobre mi vecina”. El pecado venial deliberado y habitual debilita la caridad. Es como hacer un agujero en un barco. Un agujero no lo hunde, pero muchos agujeros, sí. Con ellos, el enfriamiento ha comenzado;
c) la oración es un monólogo, hablas, pides, te quejas deseas, pero no escuchas; no hay silencio para dejar que Dios te corrija. Dice el Apocalipsis: “He aquí que estoy a la puerta y llamo”, pero tenemos el volumen del mundo tan alto que no lo escuchamos; es la razón por la que Judas Iscariote dejó al Señor, este síntoma es mucho más común de lo que pensamos, es el resentimiento silencioso contra Dios. Es esa voz que dice: “Yo te he servido, Señor, ¿por qué permitiste esto?”. Judas esperaba un libertador, un político, pero Jesús le ofreció una Cruz, y eso no lo perdonó. El que está en peligro es el hermano mayor de la parábola del hijo pródigo. Si tienes una queja contra Dios en tu archivo espiritual, el enemigo meterá una cuña y te separará de la Vid verdadera.
Los Padres del Desierto hablaban del demonio de mediodía, es acedia, es un estado en que las cosas de Dios te saben a ceniza. La acedia ataca a mitad de la vida, cuando la novedad del camino ha pasado. Este espíritu de acedia atacará a muchos. Sentirás un cansancio del alma, pero sentir no es pecado, el pecado es dialogar con ella y consentirla. Y en su pánico el alma deja de remar, entonces la corriente te arrastra hacia abajo. Judas dejó que el frío de la desesperación le cubriera.
Pedirle a Dios que nos haga conocer nuestro estado espiritual, si nos duele, aún estamos vivos.
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