Por P. Federico Albatch, asistente eclesiástico de ACN México

Vivimos en una cultura en la que se le da mucha importancia a la autoestima, la cual, sin duda, es un factor fundamental para el desarrollo de un ser humano. Aunado a esto se halla la valoración del bienestar emocional y de la realización personal como metas supremas que todos deberían alcanzar para ser felices. Para este fin hay un gran mercado de servicios a los que pueden acudir: siquiatras y sicólogos, distintos tipos de terapeutas, instructores, gurús, sanadores religiosos, etc. También hay spas, gimnasios y terapias integrales.

La búsqueda por estar bien y, sobre todo, por sentirse bien, puede ser, paradójicamente, inquietante y frenética. Muchos están angustiados por “estar bien”. Además, no todos pueden acceder a estas terapias del bienestar. El rostro del pobre y del marginado, así como del perseguido no son rostros acariciados en un spa.

La ceniza del miércoles de ceniza no es un signo de bienestar, pero sí es un signo de alguien que busca mejorar su vida, encaminándose a la plenitud y a la felicidad, aunque en sentido distinto. El Evangelio nos enseña que no puede haber plenitud de vida sin la renuncia de uno mismo (Mt 16,24).

Esto no es una sentencia contra la buena autoestima, sino una sentencia contra el egoísmo y el narcisismo vanidoso. El valor mayor no es el propio bienestar, sino el amor. El amor implica desgaste, valorar al otro, incluso preferir al otro más que los propios deseos de una realización personal placentera. Por eso dice san Pablo:

“Que cada uno busque no solamente su propio interés, sino también el de los demás” (Fil 2,4)

Para amar al otro, se requiere un camino de conversión. Hay que luchar contra la tendencia a buscar el propio bienestar y contra la tentación de autoafirmarse y estimarse más que a los demás. Eso implica la humildad de reconocer las formas de pensar, las actitudes y las acciones que lastiman al otro, que lo ignoran o que lo ponen en segundo término. Esta conversión se puede comparar metafóricamente con la ceniza, la cual es insignificante, signo de humilde deseo de mejorar y signo de que los cambios requieren pasar por el fuego de la transformación. El miércoles de ceniza es el inicio de la cuaresma. No es un tiempo de spa o de gimnasio, pero sí un tiempo de ejercicio en el amor y de servicio a los demás. ACN es un espacio para pensar, especialmente durante esta cuaresma, en los que son perseguidos o marginados a causa de su fe.

Este camino –según nos enseña el evangelio– es el camino de la verdadera felicidad, del verdadero bienestar y de la plenitud de la vida. El que pierda su vida la ganará. Será una vida plena en el amor, en la alegría de contribuir al bien de los demás. Además, es una vida que resucitará, en la Pascua que todo lo ilumina y lo lleva a la plenitud.

 

Ayuda a la Iglesia Necesitada – ACN México

 


 

Por favor, síguenos y comparte: