Por P. Fernando Pascual
El pecado esclaviza. No solo cuando crea dependencias, sino en lo más profundo de nuestro ser, porque nos aparta de la vocación al amor y porque nos encierra en el egoísmo y en los diferentes pecados capitales.
La gracia, en cambio, libera. Basta que un corazón humilde se abra a la acción misericordiosa de Dios para que alguien empiece a correr por el camino de la plenitud humana, que consiste en el amor.
Existe el peligro de no darnos cuenta de la enorme diferencia entre el pecado y la gracia, y de aceptar un modo de vivir bajo las cadenas del pecado y lejos del perdón que salva y libera.
Ese peligro surge cuando nos encerramos en nuestro egoísmo, cuando justificamos nuestras faltas, cuando dejamos a un lado el lugar que debería tener Dios en nuestras vidas, cuando valoramos a los demás solo si satisfacen nuestros deseos.
¿Cómo romper las ataduras del pecado? ¿Cómo empezar un camino de liberación? A veces el mismo pecado se hace tan dañino que el corazón ansía un poco de aire puro, de libertad auténtica, de amor sincero.
Dios, lo sabemos, ofrece a todos su ayuda. La gracia está a la mano, tan cercana que no hay categoría humana que no pueda acceder a la misma. Pero esa gracia no puede entrar en quienes justifican su mala vida, en quienes se encierran en sus miserias, en quienes destruyen poco a poco las semillas de bondad que todos llevamos como parte de nuestra condición humana.
Sigue en pie la invitación continua de Cristo al arrepentimiento, para que emprendamos un camino que nos saque de la esclavitud del pecado y nos introduzca en la gran libertad de los hijos de Dios.
“Para ser libres nos libertó Cristo. Manteneos, pues, firmes y no os dejéis oprimir nuevamente bajo el yugo de la esclavitud” (Ga 5,1).
El poder de Cristo puede hacer ese gran milagro. Basta un poco de humildad, y veremos cómo se rompen las cadenas del pecado, cómo la misericordia purifica nuestras almas, y cómo empezamos a respirar el aire nuevo de la gracia; una gracia que nos lanza a la libertad verdadera, la de quienes lo dan todo para amar…
Imagen de Melina Menendez en Pixabay





