Por P. Fernando Pascual
Nos sorprendemos ante eventos extraordinarios: un encuentro imprevisto, un arco iris especialmente intenso, una nevada serena y refrescante, un premio que alivia nuestra situación.
Podríamos también sorprendernos por hechos sencillos y cotidianos: por el agua que sale del grifo, por el pan con el que acompañamos la comida, por el sol que esclarece una mañana, por la presencia de ese familiar al que vemos cada día.
Lo cotidiano aparece como algo que tiene que ser así, cuando en realidad no tenemos ninguna garantía de que mañana salga el sol, ni de que haya agua en el grifo, ni de que tengamos pan en la mesa, ni de que saludemos al familiar que suele estar siempre en casa.
La sorpresa ante lo cotidiano permite refrescar experiencias que pueden haberse convertido en rutinarias, cuando en realidad siempre tienen algo de nuevo, en sus matices (el sol de hoy no es igual que el sol de ayer), y en mi manera de ver las cosas, pues yo también cambio continuamente.
Por eso, el pedazo de pan que ahora tengo entre mis manos tiene algo de encanto, de frescura, de gusto, de belleza, de sorpresa. Hoy está a mi disposición, ayer quizá no existía, y mañana quedará simplemente como un recuerdo (si es que todavía pensamos en el alivio que supuso para nuestro apetito).
Lo cotidiano empieza a ser nuevo, vivo, sorprendente, cuando lo vemos con ojos diferentes, cuando tenemos un corazón fresco y agradecido, cuando pensamos en su origen, cuando descubrimos cómo nos acompaña hacia una meta buena.
Lo que tenemos ante nosotros, lo que vemos, lo que tocamos, tiene un origen remoto, que habla de años, de siglos, y que nos puede llevar a quien nos ha dado la vida y todo lo que la rodea: un Dios creador y Padre.
Ese Dios añade, a lo que se repite cada día, un toque especial, un cariño fresco, una esperanza y un sentido. Porque todo lo que existe surge desde las manos de un Dios omnipotente y bueno. Y porque ese Dios nos sorprende, cada día, con lo ordinario, lo sencillo, lo que llega y pasa como una dulce caricia a lo largo del camino de nuestra vida.





