Por P. Fernando Pascual

La prudencia necesita aliarse con una facultad que tenemos a nuestro alcance, pero que no siempre usamos adecuadamente: la memoria.

Si la prudencia nos ayuda a discernir correctamente antes de tomar nuestras decisiones, la memoria nos permite relacionar lo que planeamos con hechos pasados, con errores y éxitos, con explicaciones ofrecidas por otros, con textos en libros o en Internet que “guardamos” en nuestro interior.

Así, gracias a la memoria ponemos reparos ante un negocio que parece interesante: en el pasado sufrimos la desilusión de un fraude, o hemos escuchado que esa compra maravillosa solo es una fuente de problemas.

Igualmente, la memoria nos pone en alerta ante cierto tipo de alimentos, al recordar lo mal que lo pasamos después de comer esa fruta, o de disfrutar de un postre muy dulce por la noche. O, por el contrario, la memoria nos invita a tomar más agua cuando empieza un dolor de garganta porque en el pasado ese gesto tan sencillo previno rápidamente un resfriado o una gripe.

La memoria alberga informaciones de todo tipo, algunas exactas, otras imprecisas, otras erróneas. Por ello, aunque el prudente relaciona lo que aparece como posibilidad con lo que recuerda sobre el tema, a veces tiene que invertir más tiempo para analizar el asunto con nuevas informaciones.

No todo lo que experimentamos o escuchamos en el pasado permanece asequible a la memoria. A veces perdemos informaciones muy importantes, y no las recordamos cuando serían de provecho. Otras veces, la memoria se mantiene despierta y disponible para avisar sobre un peligro o para animarnos ante una oportunidad que en otras ocasiones nos dio tantas alegrías.

En lo sencillo (preparar una maleta para un viaje) o en lo grande (escoger un nuevo trabajo) la memoria estará allí, disponible, para que nuestra prudencia tenga en cuenta elementos importantes del pasado, que servirán de ayuda antes de tomar decisiones que, con los límites de todo lo humano, estén al menos bien pensadas y, esperamos, nos permitan alcanzar metas buenas y gratificantes.

 
Imagen de Joe en Pixabay


 

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