Por Rebeca Reynaud

El descanso es una pausa o estado de quietud, tanto física como mental, que ayuda a aliviar la fatiga, reponer energías y restaurar el equilibrio del organismo. No se trata sólo de inactividad sino de un proceso activo de recuperación. A veces basta con dormir bien o con ver una película de entretenimiento sin violencia.

Graciela Gómez Minakata explica que hay personalidades más propensas a cansarse que otras, veremos algunas.

Hay personas perfeccionistas. El perfeccionismo es un rasgo de personalidad, en esas personas hay un constante afán de perfección que desgasta, hay un permanente estado de alerta. Hay que saber presenciar situaciones imperfectas sin angustiarse ni quejarse. Una persona perfeccionista está siempre insatisfecha de su hacer, piensa que lo puede hacer mejor.

Otro tipo de personas, las hiper responsables. Hay que responder, pero no cargarse todo. Esta persona se atribuye responsabilidades que no le tocan. Empieza el agobio y el desgaste. Luego está insatisfecho de su hacer. El responsable se siente culpable cuando descansa. Saber decir que no, no es mala disposición. Hace el bien sin plena libertad. Saber desconectar con una canción, una lectura o algún hobbie. Lo importante no es que todo salga bien sino trabajar bien. Importa crecer en el proceso.

Las personas competitivas tienen una necesidad de afirmación personal. ¿Por qué tengo esa necesidad? Quizás por orgullo. Ve a los demás como rivales y no disfruta por eso su trabajo. Vive en constante tensión por ser el mejor. No hay mejor técnica de relajación que actuar cara a Dios. Se recomienda reforzar la autoestima. Hay que evitar las comparaciones porque son injustas y desgastan. Otra cosa que ayuda es no juzgar a las demás personas ni a sí mismo. En el juicio puede haber error. Alegrarnos de las cualidades de los demás.

Hay personas que tienen una marcada propensión al activismo, a hacer por hacer. El activismo es una pereza oculta cuando no hago lo que tengo que hacer. Es hacer lo urgente, pero no lo importante.

La necesidad de dar una buena imagen, de quedar bien, es muy humano, pero hay que controlarla. Supone un desgaste extra. Esa persona quiere ser querida, estimada. La seguridad está basada en lo que los demás opinan. Querernos como somos, no como los demás quieren que sea. Aceptarnos como Dios nos hizo. Por lo tanto, poner el esfuerzo en ser más libres.

¿Qué factores favorecen el cansancio?

El preocuparse en vez de ocuparse. La rutina cansa, por eso es oportuno hacer un paseo cada semana. Cansa la preocupación excesiva porque tenemos un límite. Saber detectar cuando tenemos que descansar de los otros. Ayuda irse a caminar solo o acompañado. El cansancio agudo se da cuando el estrés es pasajero. El cansancio crónico se da cuando el estrés es continuo, se da cuando no me llevo bien con los compañeros o cuando no me agrada lo que hago. Algunas manifestaciones de cansancio: Se dificulta la concentración, hay lentitud en el proceso de entender, dificultad para tomar decisiones, pérdida de interés, inconstancia, rechazo de responsabilidades, irritabilidad, agresividad, impaciencia.

Se empieza a tener manifestaciones físicas: ansiedad, neurosis, enfermedades de la piel, del estómago, se agotan ciertas sustancias químicas. El cansancio psíquico viene de estar en estado de alerta mucho tiempo, entonces huyo de lo que me agota, se frustro y puedo caer en un círculo vicioso.

¿Cómo prevenir el cansancio?

Hay que conocernos y saber qué nos descansa. Hay que observar, no juzgar. Hay que dejarse ayudar. Lo que más cansa es no dormir. Evitar el sentimiento de culpa. Descansar es un derecho y un deber.

¿Qué me descansa? Varía de una persona a otra. Quizás la convivencia con familia, la risa, el sueño, la contemplación, el ejercicio físico, el trato con amigos, ver paisajes verdes, actividades al aire libre, ir a tomar un café o un helado, leer, escuchar música, las manualidades, juegos, actividades religiosas, excursiones, viajes. Todos necesitamos espacios de autonomía y espacios de convivencia. Cuando estamos cansados nuestra vida se puede complicar, por tanto, hay que comunicarlo. Lo más importante es la persona, no el desempeño.

La madurez psicológica es tarea de toda la vida y ésta requiere descanso, equilibrio entre lo positivo y lo negativo. Ayuda, al final del día pensar en lo que salió bien. Este equilibrio nos ayuda a mantenernos psicológicamente bien.

 
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