Por P. Joaquín Antonio Peñalosa

No es esta una fotografía, que casi siempre es exacta reproducción; son unas cuantas líneas en busca de un retrato de ese desconocido que es el hombre actual. Esencialmente el mismo a lo largo de la historia, el hombre va cambiando accidentalmente según los tiempos y circunstancias. ¿Cómo es este hombre —el que es cada uno de nosotros—, cuáles sus características a unos cuantos años de que el siglo finalice?

Posee un fuerte sentido de futuro, mira de continuo hacia adelante, interesado en el día de mañana mucho más que en el de ayer, con lo que, al romper esta secuencia de pasado, presente y futuro, se vuelve un poco ahistórico. Va en la proa del barco, sin mayor interés por la popa. La mirada fija en el próximo amanecer.

Es un ser preocupado, en tensión meditativa frente a la crisis económica, política, social y familiar que sufre en su vida cotidiana. A su alrededor todo se bambolea y todo cambia en movimientos tan rápidos como profundos. Teme que lo peor pueda acontecer sin previo aviso. Es un ser necesitado de seguridad, como que se sabe una débil caña y una llama al viento; por eso suele confiarse al psiquiatra, recurre al brujo y a las supersticiones, trata de engañarse en los paraísos artificiales de las drogas o busca la religión donde espera hallar refugio, consuelo y acompañamiento.

Posee un fino sentido crítico. Inquiere sobre la causa de los hechos, pide razones, exige que lo convenzan, no que lo venzan, le molesta la imposición de la autoridad según pide la explicación de los por qué. Vive un momento de plena socialización en un mundo intercomunicado y sin distancias donde cuenta más el nosotros que el yo, donde la comunidad se impone al individualismo, el diálogo al monólogo y el equipo al juego personal.

El hombre de hoy se mira uniformado y masificado sin el señorío intransferible de la propia personalidad; sino uno más en el rebaño, igual a todos que, bajo el rasero de los medios de comunicación social, piensa, habla, viste, canta como los demás. Color gris sobre color gris.

El hombre de hoy va acostumbrándose a convivir en un mundo diverso que ofrece distintas opciones en un pluralismo ideológico y político. Ansía la libertad como la justicia, que son sus máximos ideales y la suprema y última finalidad de sus esfuerzos; por lo mismo es irreductible a cualquier tipo de totalitarismo, represión y autoritarismo violento, ilógico y salvaje.

El hombre de hoy ha adquirido el sentido de la dignidad de la persona y el reclamo de sus derechos inviolables. No tolera ser tratado como cosa, objeto utilizable, simple mano de obra, úsese y tírese.

El hombre actual no se mueve tanto por abstracciones congeladas, sutiles ideologías, esquemas filosóficos, cuánto por el calor de la experiencia, la vida, el afecto, el testimonio. No le convencen las palabras azucaradas, sino los hechos rotundos y los gestos heroicos.

Sí, unas cuantas líneas en busca de la fotografía del hombre de hoy. Porque igual que el cielo de noche, cuanto más se le mira, más estrellas se descubren.

Artículo publicado en El Sol de México, 19 de marzo de 1992; El Sol de San Luis, 21 de marzo de 1992.

 

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 3 de mayo de 2026 No. 1608