Por Jaime Septién
Hace pocos días leí el informe sobre tendencias globales en el futuro del trabajo. Al internarme en el texto me pregunté si las cuatro tendencias que descubre el Reporte de Tendencias Globales Mercer podrían aplicarse a la vida de la Iglesia, a la comunicación del Evangelio, en fin, a la forma como esta y la próxima generación estarán enfrentando la Inteligencia Artificial.
Las cuatro tendencias que están dando forma al futuro del trabajo son: 1. Reinventar para el beneficio humano. 2. Dar un salto adelante con perspicacia. 3. Recalibrar el intercambio de valor. 4. Generar una concepción del recurso humano. Evidentemente, se trata de revalorar el mundo del trabajo, sobre todo cuando el mismo Reporte subraya que en dos años (en 2028 para ser más claros), solo 35 por ciento de las tareas serán cien por ciento humanas…
¿Cómo aplica esto en la difusión de la fe católica? Se rumora que después de Pascua el papa León XIV va a regalarnos su primera encíclica y ésta será dedicada al fenómeno de la Inteligencia Artificial. O sea que desde el Vaticano se ve con atención el fenómeno y sus repercusiones en la vida de los fieles. Entonces, hagamos un breve ejercicio de comunicación.
- Reinventarse desde el sacerdocio para el beneficio del corazón humano. Respetar el dogma, pero dándole una condición vivible, hermana de la caridad y de la comprensión del otro.
- Dar un salto adelante en la perspicacia que proviene de saber comunicar con sabiduría y plena libertad lo que creemos, por qué lo creemos y cómo lo celebramos.
- Recalibrar el intercambio de valor dando importancia extrema a la relación laicos-sacerdotes. Ignorar —de una vez por todas— la distancia y hacer cotidiana la Iglesia sinodal, caminar juntos.
- Finalmente, dando una nueva perspectiva a los recursos con que cuenta la Iglesia para propagar el Evangelio, empezando —por ejemplo— por la humanización profesional de quienes apoyan en la parroquia.
No se trata de hacer una Iglesia de robots. Tampoco de crear una ONG. Al contrario: si la Iglesia nació del corazón traspasado de Jesús, es el corazón el que debe prevalecer, escuchando los tiempos y acogiendo con ternura la desorientación de quienes están buscando hoy —y lo estarán buscando mañana— un hogar.
Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 3 de mayo de 2026 No. 1608
Imagen de Christopher White en Pixabay

