500 AÑOS DE LOS DOMINICOS EN MÉXICO

Por Hugo Daniel López Hernández

Es importante dedicar unas palabras a la historia del Convento de Santo Domingo de México, por haber sido la sede del gobierno de la Provincia de Santiago y un centro de formación. En 1527, los frailes se animaron a construir su primer convento en la ciudad gracias a la donación de dos terrenos y a la compra de otros cuatro frente a la casa de la familia Guerrero.

Las obras abarcaron un cuadrante muy extenso, hoy limitado por las calles de República de Brasil, Belisario Domínguez, República de Chile y República del Perú. La primera iglesia tenía una sola nave, techo de madera y un altar mayor cubierto de paja. Hacia 1550, esta construcción corría el peligro de derrumbarse; por esta razón, para edificar un nuevo templo, los dominicos recurrieron a la ayuda de la Corona y de particulares.

Las obras comenzaron en 1553 y concluyeron en 1585, aunque la nueva iglesia entró en funciones a partir de 1571. Esta etapa fue de grandes proporciones, como lo atestigua el gran número de arquitectos, albañiles, canteros, carpinteros, herreros, escultores, pintores, doradores y tres frailes dominicos que intervinieron en ella. Además, desde 1531, los indígenas —a cambio de su sustento— realizaron todos los trabajos pesados de la construcción.

En 1573, entre otras cosas, se descubrió que el claustro del convento se estaba hundiendo y que se necesitaban cien dormitorios o celdas más. Al término de las obras, en los primeros años del siglo XVII, el convento de Santo Domingo había dejado atrás aquellos años en que los frailes vivieron en la casa de la familia Guerrero. En 1607, el cronista fray Hernando Ojea describe la riqueza y esplendor de la segunda iglesia, edificada tras temblores y hundimientos.

En ese tiempo, los frailes dominicos se encontraban aún lejos de concluir la construcción total. El convento era, en efecto, una “ciudad de frailes”, con portería, varios claustros menores, un claustro principal, hospedería, lavandería, cocina, comedor, ropería, barbería, celdas, letrinas, huerta, sala capitular, sala mayor y aulas para las cátedras de Teología y Filosofía.

El autor es director ejecutivo del Instituto Dominicano de Investigaciones Históricas (IDIH).

 

Imagen de Autor desconocido, Wikimedia

 

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 3 de mayo de 2026 No. 1608