Por José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista

Reflexión homilética 10 de mayo de 2026

El Espíritu Santo es el centro de la espiritualidad que debemos vivir los auténticos cristianos.

  • Hechos de los apóstoles

El libro de los Hechos nos cuenta las maravillas que realizó Felipe predicando a Jesucristo en Samaria. Son muchos los milagros de que fueron testigos los samaritanos:

«La multitud estaba viendo: de muchos poseídos salían los espíritus inmundos… y muchos paralíticos y lisiados se curaban».

Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén se dieron cuenta que con el bautismo hacía tales prodigios Felipe, enviaron a Pedro y a Juan para que, imponiéndoles las manos, los confirmaran en el Espíritu Santo.

Y es entonces cuando se multiplicaron los milagros al imponerles las manos y recibían el Espíritu Santo.

Aquí tenemos un ejemplo hermoso del fruto del sacramento del bautismo y la posterior confirmación.

  • Salmo 65

El salmista nos invita a aclamar al Señor:

«Aclamad al Señor, tocad en su honor, cantad himnos a su gloria y que la tierra entera se postre ante la grandeza del Señor, que transformó el mar en tierra firme y llenó de alegría a la humanidad».

El salmo termina invitando a la fidelidad: «Fieles de Dios venid a escuchar, os contaré lo que ha hecho conmigo. Bendito sea Dios».

  • San Pedro

El apóstol, en su primera carta, invita a glorificar a Cristo Señor en nuestros corazones: «Es preciso dar razón de vuestra esperanza a todo el que os lo pidiere».

Pero lo más importante es la conducta que corresponda a una fe auténtica: «Mejor es padecer haciendo el bien si tal es la voluntad de Dios que padecer haciendo el mal».

Termina invitándonos a imitar a Jesucristo «que murió por nuestros pecados, una vez para siempre», pero, como era verdadero Dios resucitó.

  • Verso aleluyático

Jesús nos pide el auténtico amor que hace la voluntad de Dios en todo momento: «El que me ama guardará mi Palabra y mi Padre lo amará y vendremos a Él».

  • Evangelio

El párrafo del evangelio de San Juan es muy breve, pero es la confirmación del auténtico amor a Jesucristo que condiciona el mismo Señor al cumplimiento de la Palabra de Dios y de sus mandamientos:

«Si me amáis guardaréis mis mandamientos»; y entonces, Jesús mismo sale fiador de la gran promesa: «Estará siempre con ustedes el Espíritu de la verdad».

Jesús advierte que el mundo no puede recibir al Espíritu Santo porque ni lo ve ni lo conoce. En cambio, los apóstoles lo llegarán a poseer porque lo han conocido: «Lo conocéis porque vive con vosotros y está con vosotros».

Recordando que su vida en este mundo será por poco tiempo, hace una promesa a la Iglesia insipiente: «No os dejaré huérfanos: volveré. Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis y viviréis porque yo sigo viviendo».

Entonces viene la gran promesa: «Sabréis que yo estoy con mi Padre y vosotros conmigo y yo con vosotros», si guardáis mis mandamientos.

Durante estos días preparémonos con oración a recibir el Espíritu Santo teniendo en cuenta el mandato de Jesús de cumplir con fidelidad sus mandamientos.

Imagen de KarinaCarvalho en Pixabay