Por José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista

Reflexión homilética 14 de junio de 2026

Domingo XI del tiempo ordinario – ciclo A

Hoy escucharemos un mosaico de la bondad de Dios y de la continuidad que debemos vivir los seres humanos.

Éxodo

Nunca imaginaremos suficientemente el amor que Dios sentía por el pueblo de Israel a pesar de las faltas de caridad que tuvieron con Él.

Hoy dice Dios a Moisés: «Ya habéis visto lo que he hecho con los egipcios y cómo a vosotros os he llevado sobre alas de águila y os he traído a mí».

Israel no fue capaz de comprender nada de esto y nosotros lo único que podemos es admirar la gran caridad de Dios con este pueblo al que Él mismo llevó «como un águila a sus polluelos» mientras castigaba al opresor.

Dios ama el amor verdadero y donde no lo hay lo siembra.

Salmo 99

Este salmo, muy corto, por cierto, alaba las grandezas del Señor y nos invita a todos a saber que toda nuestra vida tiene que ser una canción a Dios:

«Servid al Señor con alegría, entrad en su presencia con vítores».

Continúa alabando al Señor Dios que nos hizo y, por tanto, a quién pertenecemos y debemos saber que «el Señor es bueno».

San Pablo

En su Carta a los romanos el apóstol canta la ternura de Dios que murió por todos:

«En verdad apenas habrá quien muera por un justo; por un hombre de bien tal vez… Mas la prueba de que Dios nos ama es que Cristo siendo nosotros todavía pecadores murió por nosotros».

De aquí saca San Pablo esta conclusión:

«Si cuando éramos enemigos fuimos reconciliados por Dios por la muerte de su Hijo, con cuánta más razón cuando ya reconciliados seremos salvos por su vida».

Verso aleluyático

Muchas veces repetimos en el padrenuestro: «Venga a nosotros tu reino». Se trata del reino de Dios que estando cerca nos pide a todos la conversión y la fe: «Está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio».

Evangelio

Vemos en este párrafo de San Mateo la misericordia del Señor cuando ve a tantos hombres y mujeres como extenuados y agotados, algo así como cuando las ovejas no tienen pastor que les señale el camino. De ahí el dolor de Cristo:

«La mies es abundante, pero los trabajadores pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies».

Es precisamente cuando San Mateo relata cómo Jesús en ese momento nombra a sus apóstoles, entre los cuales está Pedro, el de las traiciones, y también Judas Iscariotes, el que lo entregó.

Con este montón de hombres Jesús construye el principio de su Iglesia y les da unas normas que en sus inicios tienen ciertos recortes, pero al terminar el Evangelio irán por el mundo entero según el mandato último del Señor.

De todas formas, queremos hoy concluir esta reflexión recordando el mandato de Jesús.

«Id y proclamad que el reino de los cielos está cerca».

¿Te sientes llamado por Dios a evangelizar a los de tu tiempo?

 
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