Por Arturo Zárate Ruiz
No es inusual que hablemos en sentido figurado. Por ejemplo, decirle a nuestra amada “corazoncito” para expresarle nuestro cariño, no un repudio a su músculo cardiaco chiquito. Lo que no quiere decir que no hablemos de manera ordinaria en sentido literal, por ejemplo, “hoy comemos pollo” para precisar la frase “en este día ingerimos ave”, ni que convivan en un discurso al mismo tiempo el sentido literal y el figurado, por ejemplo, “en la mañana saldrá el sol”, para expresar un hecho astronómico como el tener esperanza en una vida mejor.
Cuando las palabras tienen varios significados posibles, ocurre lo que se llama polisemia. Los textos literarios buenos destacan por ello y muestran así que están vivos.
Y no hay texto más vivo y bueno que la Sagrada Escritura. Sus sentidos se han clasificado por lo regular, y según una tradición, en literal, alegórico, moral y místico.
Se puede afirmar que todos los eventos contados, literales, en la Biblia desde Abraham hasta el Libro de los Hechos son hechos históricos. Los historiadores y los arqueólogos lo siguen confirmando. Que Jesús haya caminado sobre las aguas, o Moisés, con un gesto, abierto paso a los judíos en medio del Mar Rojo, podría leerse figurativamente, pero no por ello dejan esos relatos de referir hechos históricos. Y los católicos debemos aceptarlo así.
El sentido alegórico se desprende de comparaciones, digamos, describir a un iracundo como un “cerillo”, por encenderse fácilmente. Baltasar Gracián, siguiendo la Tradición, recuerda así los regalos de los Magos:
“Alma, póstrate tú a los pies deste Dios Niño. Después de haber comulgado, preséntale tus tres potencias: el incienso en contemplaciones, el oro en afectos y la mirra en las memorias de sus dolores… franquéale el incienso de la obediencia, el oro de la pobreza y la mirra de la castidad…”
De modo similar, Gracián nota que Jesús subió a la barca de san Pedro, no a la de Juan, no a la de Santiago, dando a entender que la doctrina cristiana correcta procede de allí.
Por tradición el sentido moral se refiere a las enseñanzas que uno encuentra en la Escritura para vivir según manda Dios. La parábola de las vírgenes prudentes y de las vírgenes insensatas apunta, por ejemplo, a la urgente conveniencia de estar siempre vigilantes. La parábola del amigo fastidioso que toca y toca la puerta en la medianoche para conseguir un favor del vecino se refiere a ser insistente en pedir lo que conviene a Dios, pues aún si ese vecino le dio sin ganas al insistente, Dios lo hará con gusto. La parábola sobre sentarse en el mejor lugar del banquete enseña que conviene ser humildes porque, si no lo hacemos, se nos quitará ese asiento, seremos trasladados al peor de ellos y acabaremos humillados. La parábola de la lámpara encendida habla de la obligación de los fieles de dar a conocer con su vida y sus palabras la Buena Nueva de Jesús.
El sentido místico de la Escritura revela las realidades eternas, celestiales y el destino final del alma, es decir, la bienaventuranza y la vida en el cielo. Así la Tierra Prometida a los judíos representa el Reino de los Cielos y la Morada Eterna con Dios; la Nueva Jerusalén representa la gloria celestial y la unión de los que han sido fieles hasta el final con Dios. El diluvio apunta al bautismo que genera la salvación. El Cantar de los Cantares figurativamente expresa la unión final de Dios con sus elegidos.
Cabe notar que no pocos protestantes reducen el entendimiento de la Biblia a su sentido más literal, por ejemplo, que el pecado de Adán fue gastronómico, comer de un fruto prohibido. Los católicos vemos también el preferir bagatelas a la obediencia y gracia de Dios. Sin embargo, en lo que se refiere a la Eucaristía, ésa (y sólo ésa) sí dicen ellos que es expresión figurada. Nosotros no lo decimos así. Los católicos sabemos que la Eucaristía es, no un símbolo, sino la realidad del cuerpo, el alma y la divinidad de Cristo, que recibimos como alimento espiritual para la vida eterna.
En cualesquier casos, si son muchos los posibles significados de la Biblia, ¿cómo sabemos el correcto? Lo sabemos porque la Iglesia tiene la autoridad y la gracia para interpretarla bien. No así cualquier secta o individuo protestante que la lee como le da la gana.
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