El padre Kirill Gorbunov, portavoz de la Conferencia Episcopal Rusa y vicario general de la Arquidiócesis de la Madre de Dios en Moscú, habla sobre las heridas que el conflicto ha abierto entre rusos y ucranianos, la crisis de confianza y la misión de reconciliación de una comunidad que representa menos del uno por ciento de la población.
Por Ana Paula Morales (Poli)
En algunas familias, la guerra no sólo ha trazado una línea entre dos países: ha pasado por la mesa, por el teléfono y por los vínculos más íntimos. Hay padres, hermanos y primos que quedaron a uno y otro lado de la frontera; unos viven en Ucrania y otros en Rusia. Algunos dejaron de hablarse. Las acusaciones, el resentimiento y, en los casos más dolorosos, el odio, entraron en hogares que antes compartían una misma historia.
Esta es una de las heridas menos visibles del conflicto que el padre Kirill Gorbunov contempla desde Moscú. Actual portavoz de la Conferencia Episcopal Rusa, vicario general de la Arquidiócesis de la Madre de Dios en Moscú y antiguo responsable de comunicación de esa jurisdicción eclesiástica, el sacerdote fue entrevistado para El Observador de la Actualidad sobre la vida de los católicos en Rusia y el papel de la Iglesia en medio de una guerra que ya se encuentra en su quinto año desde la invasión a gran escala.
“La guerra es una realidad terrible”, afirmó. “Crea una profunda incertidumbre en el sentido más literal de la palabra: incertidumbre sobre el mañana, sobre el futuro de la propia vida, de los hijos, de la familia y de la sociedad en su conjunto”.
Una guerra iniciada en 2014 y llevada a otra escala en 2022
El conflicto ruso-ucraniano comenzó en 2014, con la ocupación y anexión de Crimea por parte de Rusia y el estallido de hostilidades en la región del Donbás. Ocho años después, el 24 de febrero de 2022, la Federación Rusa lanzó la invasión a gran escala de Ucrania. Desde entonces, la guerra ha provocado una de las mayores crisis de desplazamiento en Europa desde la Segunda Guerra Mundial.
La actualización de julio de 2026 de la Misión de Observación de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas en Ucrania contabiliza, desde el 24 de febrero de 2022, al menos 68 mil 147 víctimas civiles verificadas: 16 mil 874 personas muertas y 51 mil 273 heridas. La propia ONU advierte que el número real es probablemente mayor, debido a las dificultades para comprobar los casos, especialmente en los territorios ocupados.
Lejos de disminuir, el daño a la población civil se ha agravado. En julio de 2026 fueron asesinados al menos 437 civiles y otros 2 mil 610 resultaron heridos: fue el mayor número mensual de víctimas civiles documentado desde marzo de 2022. Durante los primeros siete meses del año, la ONU verificó 12 mil 477 víctimas —mil 839 muertos y 10 mil 638 heridos—, un aumento de 44 por ciento respecto del mismo periodo de 2025.
El desplazamiento continúa definiendo la vida de millones. ACNUR informó que, al cierre de 2025, unos 5.86 millones de refugiados de Ucrania permanecían fuera del país y 3.7 millones de personas seguían desplazadas dentro de sus fronteras. Para 2026, 10.8 millones de personas necesitan asistencia humanitaria y protección.
La guerra también es una crisis de confianza
Para el padre Gorbunov, las cifras no alcanzan a expresar otra devastación: la pérdida de certezas y de confianza. El conflicto, explicó, lleva a muchas personas a preguntarse si existe una respuesta capaz de resolver una crisis social y política tan profunda.
“Se convierte en una crisis de confianza: crisis de confianza en las instituciones, incluida la Iglesia, y, para muchas personas, incluso una crisis de confianza en Dios. Se preguntan por qué permite que sucedan estas cosas”.
La herida se hace especialmente dolorosa en las familias mixtas ruso-ucranianas. “Ha surgido una frontera dolorosa entre los parientes. Algunos miembros de la familia permanecen en Ucrania y otros en Rusia. Dejan de hablarse. Pueden surgir acusaciones mutuas, resentimiento e incluso odio. Para muchas familias, esto se ha convertido en una verdadera tragedia”.
En ese terreno quebrado, sostiene, la Iglesia no puede limitarse a comentar la realidad desde fuera. “El ministerio de reconciliación de la Iglesia se vuelve más importante que nunca. Está arraigado, por una parte, en el Evangelio mismo, en las palabras de Jesucristo, y, por otra, en la experiencia viva de la Iglesia para sanar divisiones y restaurar la comunión”.
Una Iglesia pequeña que todavía busca su rostro ruso
Los católicos constituyen bastante menos del uno por ciento de la población rusa y su presencia pública es discreta. Pero el tamaño no es el único desafío. La Iglesia católica en Rusia, explicó el sacerdote, aún se encuentra en un proceso de descubrimiento de su propia identidad.
Durante los siglos XVIII y XIX, y hasta principios del XX, fue principalmente la Iglesia de pueblos no rusos —polacos, alemanes y otras comunidades—, porque a los rusos étnicos se les prohibía legalmente abrazar el catolicismo. Cuando esa situación cambió, llegó casi de inmediato la persecución soviética.
“La Iglesia católica en lo que hoy es Rusia fue prácticamente aniquilada. Todas sus estructuras —seminarios, diócesis y parroquias— fueron cerradas, y muchos sacerdotes y creyentes fueron asesinados o enviados al exilio”, recordó.
Cuando las estructuras eclesiales fueron restauradas en 1991, hubo que comenzar desde cero. Misioneros de numerosos países llevaron consigo su experiencia pastoral y su modo de vivir la fe. Por eso, todavía hoy, una parroquia puede conservar un marcado carácter polaco, otra uno alemán y otra la impronta de un misionero latinoamericano.
“Lo que todavía buscamos es una identidad católica específicamente rusa”, afirmó Gorbunov. El reto consiste en arraigarse en el contexto cultural y espiritual del país sin perder la dimensión universal de la Iglesia. Sin ese trabajo, añadió, resulta difícil alcanzar una unidad genuina y dar una dirección coherente a la pastoral.
El reto de comunicar la fe en tiempos de inmediatez
La pequeña comunidad católica también intenta hacerse presente en un ecosistema informativo dominado por la velocidad. Los fieles, señaló el portavoz, se han acostumbrado a contenidos dinámicos y profesionales, mientras los medios católicos son pocos y cuentan con recursos muy limitados.
La respuesta, a su juicio, no consiste en imitar sin más a los grandes medios, sino en contar historias humanas: las de quienes conservaron la fe durante la persecución y las de quienes ahora intentan transmitirla a hijos y nietos que ya no vivieron “el milagro de la supervivencia de la Iglesia” ni la privación de la libertad religiosa que marcó gran parte del siglo XX.
Actualmente se trabaja en la creación de un ecosistema digital católico que reúna los esfuerzos dispersos de periodistas, blogueros y comunicadores. La idea es ofrecer, en una sola plataforma accesible desde teléfonos y tabletas, información sobre peregrinaciones, retiros, iniciativas pastorales, oraciones, documentos y enseñanzas de la Iglesia.
Católicos y ortodoxos: amistad, complejidad y cooperación
La relación con la Iglesia ortodoxa rusa es, en palabras del padre Gorbunov, “amistosa, pero también compleja”. Mil años de separación no pueden superarse en pocos años mediante iniciativas institucionales. Persisten desconfianzas y permanece abierta una cuestión teológica central: la naturaleza de la autoridad y del primado en la Iglesia.
El sacerdote subrayó, además, que el mundo ortodoxo no posee la misma unidad institucional visible a la que están acostumbrados los católicos. Por ello, el diálogo requiere no sólo confianza entre católicos y ortodoxos, sino también entre las distintas Iglesias ortodoxas locales, una tarea que el clima político actual vuelve todavía más difícil.
En el ámbito cotidiano, sin embargo, existen signos de esperanza. Católicos y ortodoxos cooperan en actividades culturales y obras caritativas; jóvenes de distintas tradiciones cristianas se encuentran, oran y reflexionan juntos. “Es una gran alegría ver la fe cristiana viva y floreciente en otra tradición, distinta de la nuestra, pero unida fundamentalmente a nosotros por la fe común en Cristo”.
“Escuchen al Papa”
Aunque la voz pública de los católicos rusos sea pequeña, Gorbunov destacó la importancia de la Iglesia universal y, de modo particular, del Papa León XIV. “Cuando la gente nos pregunta qué dice la Iglesia sobre la situación actual y qué nos llama a hacer, nuestra respuesta es sencilla: escuchen al Papa”.
El sacerdote agradeció tanto al Papa Francisco como a León XIV sus llamados constantes a la paz y al diálogo. Apenas el 9 de agosto, León XIV volvió a lamentar que los episodios trágicos en Ucrania y Rusia se multipliquen y dejen un número creciente de víctimas civiles. El Pontífice expresó su cercanía a las familias de los muertos y heridos y pidió detener la espiral de violencia para abrir espacio a la diplomacia.
Para el portavoz episcopal, un diálogo de esa naturaleza exige “un inmenso valor y una confianza profunda”. Y ambas cosas, agregó, no nacen únicamente de los recursos humanos: “son dones de la gracia de Dios”.
Una petición a México: rezar por Rusia
Al final de la conversación, el padre Gorbunov dirigió la mirada hacia Fátima. En sus encuentros con católicos de Estados Unidos y Europa ha comprobado cuánto influyeron las apariciones y la petición de la Virgen de rezar por Rusia en la manera de comprender al país.
Después de la recuperación de la libertad religiosa, a comienzos de la década de 1990, algunos pensaron que ya no era necesario hacerlo. Para otros, la guerra contra Ucrania pudo convertirse precisamente en el motivo para dejar de rezar. El sacerdote propone lo contrario.
“Diría que este es exactamente el momento en que esas oraciones son más necesarias. Rusia, como toda nación y todo pueblo, tiene su propia vocación y su lugar dentro del plan de salvación de Dios. Necesitamos profundamente las oraciones de los creyentes, especialmente de los católicos de otros países”.
Su última petición fue dirigida de manera especial a México: “Si nuestras hermanas y hermanos mexicanos pudieran decir una palabra por nosotros a Nuestra Señora de Guadalupe, estaríamos muy agradecidos”.
En medio de una guerra que multiplica tumbas, desplazamientos y silencios familiares, esa petición no pretende borrar responsabilidades ni sustituir la justicia. Expresa la convicción de que la paz también necesita comenzar allí donde la violencia busca instalarse para siempre: en el corazón humano, en la memoria y en la posibilidad de volver a hablar con el otro.
Fuentes de contexto
- Misión de Observación de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas en Ucrania, actualización sobre protección de civiles, julio de 2026.
- ACNUR, Ukraine Situation: 2026 Plans and Financial Requirements, enero de 2026.
- Vatican News, llamados del Papa León XIV por la paz en Ucrania y Rusia, 9 de agosto de 2026.
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