Según la memoria popular, a finales de la Guerra Cristera, de 1930 a 1932 Monseñor Rafael Guizar y Valencia hizo una intensa labor eclesiástica por la Sierra Limitrofe de los actuales Municipios de Actopan y Alto Lucero Veracruz.
(El triunfo de los mártires)
Por Mario De Gasperín Gasperín, obispo emérito de Querétaro
El precepto de Jesús de perdonar a quien se declara nuestro enemigo, implica también el deber de orar por su conversión. Cuando aminoró la persecución religiosa en el centro del país, se recrudeció en estados como Tabasco y Veracruz.
El obispo de Veracruz, monseñor Guízar Valencia, había reiniciado sus misiones populares, aunque siempre vigilado por el gobierno. Cuando se le advertía de esa presencia, solía decir: “Bendito sea Dios. Ojalá escuchen la palabra de Dios para que se conviertan”. Esta “conversión” implica también el restablecimiento de la justicia. Por esta razón el Señor Guízar jamás dejó de defender el derecho de los fieles de practicar su religión.
Al reanudarse la persecución en Veracruz, escribe al ministro de Gobernación: “Hoy (8 de mayo, 1931) supe, con grande pena, que explotó una bomba en la catedral de Jalapa… Creo que es un deber mío, rogarle de la manera más atenta, se digne impartirnos su protección, para que se castigue a los culpables y se eviten estos actos reprobables” (C. Barradas, pg. 161).
La reacción vino del Gobernador Tejeda al revivir la persecución, y el Señor Obispo Rafael le advirtió de su desatino “al pretender privar de su libertad religiosa a más de un millón de habitantes, mediante una ley anticonstitucional que está en completa pugna contra la carta magna”; que debía tener en cuenta que él siempre había procurado, “aún en las circunstancias más difíciles, la armonía entre la Iglesia y el Gobierno del Estado, dentro de los límites permitidos por Dios, como lo ha comprobado mi conducta durante los once años de mi Episcopado” (Puebla, 3 de agosto, 1931). Vemos, pues, de parte del Obispo, el debido respeto a la autoridad civil, a las leyes vigentes, siempre bajo la soberanía de Dios. A los sacerdotes pedía fidelidad a su vocación, aún con el peligro de su vida, a ejemplo de Jesucristo ante Poncio Pilato.
De su fiel acompañante y después primer obispo de Tuxpan, monseñor Ignacio Lehonor, recojo este testimonio: “El Señor Guízar decía, que pedía constantemente por la conversión de Tejeda, el causante de tanto mal que hubo en el Estado de Veracruz en cuestión religiosa, pues fueron escuchadas sus peticiones”. En una carta refiere que le hizo esta propuesta: “Espero que Usted y Yo, algún día nos demos un abrazo en el cielo”.
Nuestro cronista refiere que estando el gobernador Tejeda enfermo de gravedad en el Hospital Francés de la capital de la República, lo fue a visitar el doctor Rendón, su médico de cabecera y viejo amigo desde Jalapa. Al verlo entrar y oírlo decir: Vengo a saludar a un amigo, el enfermo le contestó: No. Ya sé a qué viene. Usted viene para que me confiese… Tiene usted razón, añadió Tejeda, estoy dispuesto”. Luego el médico le llevó a un sacerdote para que lo auxiliara. Así que Tejeda murió cristianamente como lo pedía monseñor Guízar (Cf. Testigo Fiel, pg. 105).
Después, nuestro cronista deja escapar esta noticia: “En una misión que dio el señor Guízar en Jiquilpan, Mich., entonces hizo su primera Comunión el niño Lázaro Cárdenas”, y recuerda que posteriormente oraba por él porque, siendo presidente, había impedido a los soldados disparar contra la multitud. Por referencias diversas sabemos que todos los perseguidores han sido bautizados.
En la actualidad, la libertad religiosa puede ser violentada de muchas maneras, sin cerrar un solo templo: mediante la manipulación de la información, el indoctrinamiento escolar, la legislación adversa, la obstrucción de espacios, etcétera. Es indispensable que los católicos conozcan y dispongan con pericia de lo que la Iglesia enseña a partir del Concilio Vaticano II sobre los derechos humanos, pues no somos ni los menos ni los menores de edad. El mártir triunfa sobre el tirano porque éste, aunque le quite la vida, jamás podrá arrebatarle el tesoro precioso de su fe. La Iglesia en México ha sellado su Fe con la gracia del Martirio.
Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 11 de octubre de 2026 No. 1631

