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El miedo a Trump el miedo a ser deportados se vence con esperanza y la Virgen de Guadalupe

El miedo a Trump el miedo a ser deportados se vence con esperanza y la Virgen de Guadalupe

Si Dios nos ha sacado de tantos apuros, ¿por qué no habría de hacerlo de nuevo?

Por @Chucho Picón/Reportero

El padre José María Briones es veracruzano, formado como sacerdote en Tehuacán, Puebla, pero desde hace 16 años su labor evangelizadora la realiza en la diócesis de Tulsa, Oklahoma, que es justamente el estado donde nació el Ku Klux Klan. A pesar de la situación de desaliento de muchos migrantes en Estados Unidos tras el triunfo electoral de Donald Trump, este sacerdote de Cristo habla de esperanza.

Jose Maria Briones Herrera

Padre Jose Maria Briones Herrera

-Padre  José María, hay un clima que es un poco de pesimismo: gana Trump, se devalúa el peso, y tanto del lado de México como de Estados Unidos hay problemas sociales. También está el conflicto de Medio Oriente; o el de Venezuela, con el hambre y la falta de medicinas. ¿Cómo no perder la esperanza?

Como humanos podríamos perder la esperanza; pero, ante todo, nos caracterizamos por ser gente de fe, y la fe nos debe llevar a conservar la esperanza, ¡pues Dios sigue estando presente!

Ya se vienen las festividades de la Virgen de Guadalupe, con la figura de san Juan Diego, hombre que estaba viviendo una situación completamente difícil en 1531. Hasta cierto punto, él siente que ya no hay mucha esperanza cuando es enviado como mensajero de la Virgen de Guadalupe. Ella pudo haber buscado al más importante, pero buscó al más sencillo para hacerlo grande, para enaltecerlo; y lo anima para seguir adelante y ser su portavoz.

Todo esto tiene que venir a nuestra mente en estos momentos; pero solemos ver las cosas desde un punto de vista tan humano que nos viene la desesperanza y la preocupación.

Yo he preguntado a nuestra gente cómo se siente, y resulta que los que trabajan con estadounidenses  son animados precisamente por éstos, porque hay mucha gente buena en este país, que están a favor de la comunidad iberoamericana, así que les dicen: «Tú no te preocupes, porque no va a pasar nada». Y eso que yo estoy viviendo en un estado  republicano, que votó para que Trump ganara.

La mayor preocupación es en cuanto a los niños hispanoamericanos, porque debido a lo que escuchan otros niños en sus casas, los molestan diciéndoles cosas desagradables como: «¿Cuándo te vas a ir?», o «¡Ya están construyendo el muro!».

Éste es un tiempo en que debemos unirnos más que nunca.  Este es el momento para que las organizaciones que han estado trabajando en favor de los migrantes unas fuerzas, y para que las iglesias nos unamos también. ¡De lo malo podemos sacar tantas cosas buenas! Y de lo malo  podemos sacar esa unidad que nos va a hacer más fuertes.

Nuestro pueblo siempre ha sido perseguido por una u otra situación, por nuestros propios gobiernos y en nuestros propios países. ¡Esto no es nada nuevo!

Este momento de dificultad tendrá que hacernos más fuertes y con esperanza en Dios: «Si el Señor está conmigo, ¿quién contra mí?».

Ahora, aunque hubiera ganado la candidata, tampoco era garantía de que nos fuera bien. El domingo anterior a las elecciones pedíamos en oración en la parroquia que ganara el que menos daño nos hiciera. ¡Y miren quién ganó! Dios sabe por qué, y estamos en sus manos.

También tenemos que tener esperanza en el sistema de gobierno; porque existe una Cámara y existe un Senado, y aunque hay mayoría republicano, no todos están de acuerdo con Trump.

Hay muchas cosas que él prometió, como en todo gobierno populista, pero que son irreales,  imposibles de alcanzar.

 

-Padre José María, ¿un cristiano cómo puede alentar su esperanza? ¿Qué debe hacer para no perderla?

Cuando Catalina de Aragón, la esposa de Enrique VIII, estuvo desterrada de palacio porque no quiso el divorcio que el rey le ofrecía y que el Papa no permitió, ella escribió en su diario: «Yo te doy gracias, Señor, por todos los problemas y el dolor que estoy viviendo, porque, gracias a ello, me acuerdo de Ti todos los días. Si yo fuera tan feliz, a estas alturas ya me habría olvidado de Ti».

Y esto es muy cierto: en ocasiones las dificultades nos acercan más a Dios; ahora, lo que importa no es sólo tener a Dios en la mente sino en el corazón. Lo que ahorita nos toca hacer es, unirnos, es decir, sentirnos una comunidad de hermanos; y afortunadamente ya hay muchos movimientos al respecto no sólo aquí sino en todo Estados Unidos, que abogan por la comunidad latinoamericana.  ¿Y de qué modo podemos mantener la esperanza? Acercándonos a la fuente de Gracia, que es la Eucaristía. ¡Y en la Palabra de Dios vamos a encontrar toda esperanza! Dios nos estará animando, ayudándonos a conservar la esperanza de seguir adelante para alcanzar la salvación.

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-Ante la angustia de los hispanoamericanos que podrían ser deportados, ¿qué deberían hacer si llega a suceder eso? ¿Cuál debe ser su comportamiento?

Debe haber gente que sienta que en estos momentos se le cierran todas las puertas; pero  somos una comunidad movida por la fe, y la fe nos tendrá que animar. Es bueno ir pensando en una plan B, que se piense: «Si nos quedamos en este país, bendito sea Dios;  pero, si no, ¿qué es lo que vamos a hacer como alternativa B si regresamos a nuestros países de origen?». Y en esto podemos pedir la iluminación del Espíritu Santo, que ya Dios nos ayudará a salir adelante.

Ciertamente habrá muchas organizaciones que van a defender los derechos de los migrantes, pero también es verdad que va a haber mucha gente que será deportada; tendrá que hacerse porque fue bandera de campaña y hay que complacer a las muchas personas que lo pidieron.

¡Pero siempre tiene que haber otra puerta! Por eso lo importante es mantener la esperanza.

Los que hemos migrado a este país, ¡con cuántos problemas, con cuántas dificultades ya nos hemos encontrado! ¡Y hemos salido adelante y aquí estamos! Entonces, ¿por qué pensar que ahora no voy a salir adelante si Dios está conmigo?

Aquí hay que recordar las palabra de la Virgen de Guadalupe: «¿Acaso no estoy yo aquí, que soy tu Madre?  ¿Acaso no estás en el cruce de mis brazos? ».

No estamos solos, Dios nos acompaña en este proceso, la Iglesia nos va a acompañar en este proceso, muchos líderes comunitarios de buena voluntad nos van ha acompañar en este proceso.  ¡Y vamos a salir adelante porque así ha sido la historia: la Iglesia ha tenido persecuciones, pero nos hemos fortalecido por la sangre de tantos mártires.

Pero cuando perdemos la esperanza en Dios, entonces de verdad se nos acaba toda posibilidad.

Que todo esto sirva para volvernos nuevamente hacia Dios, a Jesús Eucaristía.

Cuando en Oklahoma  se determinó que los indocumentados no tendrían derecho a ningún servicio, de parte del gobierno ni de nadie, por supuesto que el obispo respondió con firmeza que la Iglesia les iba a seguir dando todos los servicios.  Pero muchos migrantes se fueron. Yo les pido que no tomen decisiones inmediatas: hay que saber esperar.

Sin embargo, a partir de que muchos se marcharon, no sabes cómo floreció la fe en nuestras parroquias: en las que aún no la había, surgió la adoración al Santísimo. Nos hicimos más fuertes en la presencia de Jesús.

Hemos vivido, pues, situaciones muy complicadas en este estado. Los policías se han convertido también en agentes de inmigración. Pero nuestra comunidad sigue adelante.

Si Dios en tantos momentos nos ha sacado de apuros; ¿por qué no habría de hacerlo de nuevo?

 

-Padre José María; ¿el ser deportados es un fracaso?

Para el que acaba de llegar con el «sueño americano» ciertamente sufrirá una frustración; pero el que ya tiene tiempo aquí se da cuenta que ese «sueño» no es tan fácil de conseguir.  Estando en México piensas: «Me voy a Estados Unidos y ya todo va a ser una maravilla»; pero nuestra comunidad iberoamericana aquí sufre muchísimo: se sufre inseguridad; se sufre porque te ven como de segunda clase, etc. Hay muchas cosas que te hacen sentir muy mal. Hay personas que se quedan sin trabajo y que tienen que vivir en sus automóviles y no tienen qué comer, por lo que se acercan a las Iglesias a pedir ayuda.

Pero no hay que verlo como un fracaso sino, sencillamente, reconocer que no todos los planes que hagamos nos pueden funcionar, debido a las estructuras injustas que el ser humano ha creado.

Por eso digo lo del plan B. En México y los otros países iberoamericanos, aunque haya mucha pobreza, no falta la mano que te da para comer aunque sea un plato de frijoles.

Se quieren levantar fronteras, pero no hay que adelantarnos tanto, porque siempre hay esperanza.

No agachemos la cabeza, sino mantengámosla en alto, pero sin dar pie a que se provoque violencia.

 

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