Por Rodrigo Aguilar Martínez,   Obispo de Tehuacán

Los medios de comunicación nos hablan de los hechos de inundaciones en muchos lugares, debido últimamente a dos huracanes –“Ingrid” y “Manuel”- que entraron por el Golfo de México y por el Océano pacífico. Hasta el momento el estado más afectado es Guerrero.

La información que yo tengo me indica que en el territorio de la Diócesis de Tehuacán ha habido deslaves que han afectado caminos, bloqueando accesos a poblaciones, pero sin daños humanos o de casas; sin embargo no podemos caer en lo que el Papa Francisco ha llamado “la globalización de la indiferencia”: si no nos pasa algo grave a nuestros familiares o amigos, nos desentendemos y despreocupamos de lo que pase a otros, mal acostumbrados a noticias de este tipo.

Más bien invito a que seamos sensibles y solidarios con muchas familias y poblaciones que han sido afectadas en diversas partes de la república: aportando dinero a específicas cuentas bancarias que se mencionan o enviando productos no perecederos a centros de acopio y para ser trasladados a poblaciones afectadas. Más concretamente, sugiero a los fieles de la Diócesis y personas de buena voluntad que la posible ayuda en dinero, se reúna para ser enviada a la Arquidiócesis de Acapulco. De por si es una Arquidiócesis que experimenta fuertes contrastes: para muchos es un lugar sinónimo de diversión y descanso turístico, a todos los niveles económicos y sociales, sin embargo hay también mucha pobreza y necesidades materiales y humanas, ahora muy acentuadas por las inundaciones.

Me duele saber de otras manifestaciones humanas: ante la escasez de productos básicos, se elevan incluso al triple los productos a vender; se ha incrementado la rapiña, y no sólo de comestibles, sino de todo tipo de productos, basta que el centro comercial tenga acceso, desapareciendo elementales signos de moralidad, pues sencillamente se toma lo que esté al alcance “porque ahí estaba y me gustó o lo necesito”; otro aspecto detestable es cuando el dinero o los productos recolectados son distribuidos de manera deshonesta.

Que estas circunstancias de afectaciones humanas, sean más bien ocasión de generosa solidaridad hacia los demás. Sensibles a lo que muchos están sufriendo, sepamos modificar planes personales y familiares para tender la mano y el corazón a quienes necesitan de nuestra ayuda.

Desde luego, oremos por quienes han fallecido debido a estas circunstancias, por los familiares que han perdido seres queridos y han quedado en situación precaria. Estamos llamados a crecer en nuestra cercanía humana, en nuestra adhesión y pertenencia mutua.