Por Fernando Pascual |

Los medios de comunicación social escogen y destacan temas y noticias. Unas buenas, otras regulares, otras malas. A veces con información valiosa, otras veces con datos confusos, y no faltan ocasiones en que algunos trabajan desde una mentalidad manipuladora.

En todos esas situaciones, los medios marcan la agenda de los temas relevantes. También en lo que se refiere a la Iglesia católica. ¿Es correcto esto?

Es posible que, sin darnos cuenta, los católicos vivamos detrás de lo que otros escogen, cuando en realidad los temas de interés para los creyentes vienen de una fuente privilegiada: la Revelación. Si dejamos de lado el estudio de la doctrina católica para ir a analizar la “noticia” que acaba de ser puesta como centro de atención por los medios, estamos simplemente dejándonos atrapar por mentalidades que muchas veces son antievangélicas.

Cristo no actuó así. Tenía clara la misión que le había confiado el Padre y buscó vivir siempre de acuerdo con ella. Por eso anunció el Reino, escogió y preparó a los Apóstoles, realizó aquellos milagros que el Padre le pedía, y se sometió a una Muerte que se convirtió en el momento decisivo del triunfo de la misericordia sobre el pecado.

Por eso hemos de tener un corazón despierto, desde la oración, para no dejarnos arrastrar por temas insustanciales, por escándalos baratos, por aspectos de la vida que no merecen la atención (modas, anécdotas banales, gossip, chismes, etc.). Tendremos entonces más tiempo y más espacio en el alma para conocer mejor nuestra fe, para escuchar al Magisterio auténtico del Papa y de los obispos fieles, para leer libros de sana espiritualidad.

Necesitamos recordarlo: “la apariencia de este mundo pasa” (1Co 7,31). Lo eterno, lo bueno, lo noble, está en la Iglesia que vive en una continua escucha de su Señor, y que hace suya, en tantos lugares y con tantas lenguas, una única petición: “¡Ven, Señor Jesús!” (Ap 22,20).