Por Felipe Arizmendi Esquivel, Obispo de San Cristóbal de Las Casas |

Al iniciar un nuevo año, todos nos deseamos lo mejor: salud, bienestar, felicidad, dicha, éxito, trabajo, dinero, etc., pero sobre todo que haya paz, tanto en la familia como en el entorno. Sin ella, todo lo demás no tiene consistencia. Sin paz, no disfrutamos la familia, ni el dinero, ni la naturaleza. Las guerras, las divisiones, los conflictos, la falta de armonía familiar y social, nos quitan el sueño, nos llenan de ansiedad e incertidumbre, hacen muy pesados los días y nos llenan de desconfianza.

Hace veinte años, un primero de enero de 1994, hizo su aparición pública en esta región de Chiapas, no en todo el Estado, el movimiento armado que se dio el nombre de Ejército Zapatista de Liberación Nacional. Su grito de guerra ¡Ya basta! cimbró la conciencia del país, como una denuncia bélica de las injusticias seculares que han padecido los indígenas: falta de salud, de tierras, de educación, de mejores condiciones de vida y, sobre todo, de reconocimiento a su dignidad humana y a sus derechos. El enfrentamiento armado duró diez días, pero sigue la lucha por sus justas demandas, no sólo para los indígenas tseltales, tsotsiles, ch’oles, tojolabales y zoques de esta zona, sino para todos los demás pueblos originarios, y también por un cambio del sistema social, político, económico y cultural, tanto a nivel nacional como mundial. La lucha ahora ya no es con armas, sino como un movimiento social y político, que busca la transformación de la realidad.

PENSAR

Desde 1967, el papa Pablo VI instituyó el 1 de enero como Jornada Mundial de la paz. Su objetivo es reflexionar en su importancia, analizar las causas que la impiden y proponer caminos para lograrla. Cada año, en esta fecha, los papas han dado importantes mensajes, acordes con el momento.

El Papa Francisco tituló su mensaje La fraternidad, fundamento y camino para la paz. Entre tantos puntos que analiza, dignos de ser meditados por cuantos aman la paz y luchan por ella, dice:

“Continuamente se lesionan gravemente los derechos humanos fundamentales. A las guerras hechas de enfrentamientos armados se suman otras guerras menos visibles, pero no menos crueles, que se combaten en el campo económico y financiero con medios igualmente destructivos de vidas, de familias, de empresas. La globalización, como ha afirmado Benedicto XVI, nos acerca a los demás, pero no nos hace hermanos. Además, las numerosas situaciones de desigualdad, de pobreza y de injusticia revelan no sólo una profunda falta de fraternidad, sino también la ausencia de una cultura de la solidaridad. Las nuevas ideologías, caracterizadas por un difuso individualismo, egocentrismo y consumismo materialista, debilitan los lazos sociales, fomentando esa mentalidad del “descarte”, que lleva al desprecio y al abandono de los más débiles, de cuantos son considerados “inútiles”.

Hay múltiples formas de corrupción, organizaciones criminales, drama lacerante de la droga, devastación de los recursos naturales, explotación laboral, blanqueo ilícito de dinero, especulación financiera, prostitución, trata de seres humanos, delitos y abusos contra los menores, esclavitud, la tragedia de los emigrantes con los que se especula indignamente en la ilegalidad, condiciones inhumanas de muchas cárceles.

ACTUAR

¿Qué hacer? Dice el Papa: “Sin la fraternidad, es imposible la construcción de una sociedad justa, de una paz estable y duradera. No podemos quedarnos indiferentes ante la suerte de los hermanos”.

¿Cómo lograr esa fraternidad, esa paz? Dice: “La fraternidad está enraizada en la paternidad de Dios. El amor de Dios, cuando es acogido, se convierte en el agente más asombroso de transformación de la existencia y de las relaciones con los otros, abriendo a los hombres a la solidaridad y a la reciprocidad. Cuando falta esta apertura a Dios, toda actividad humana se vuelve más pobre y las personas quedan reducidas a objetos de explotación.

Renuncien a la vía de las armas y vayan al encuentro del otro con el diálogo, el perdón y la reconciliación para reconstruir a su alrededor la justicia, la confianza y la esperanza”.

 

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