Por Juan Gaitán |

Todo cristiano de edad madura ha decidido ya qué tipo de persona desea ser. La mayoría de las veces se trata de una decisión inconsciente, pero cada quien sabe, por ejemplo, a qué le dedica la mayor parte de su tiempo o qué tan cercano a Jesucristo es.

A esto se le llama opción fundamental y es un concepto que nos puede ayudar bastante a tomar decisiones, a realizar nuestro examen de conciencia y a tener un proyecto de vida mejor definido, así como a no caer en pesimismos o en rigorismos que nos hagan actuar más por temor que por amor.

Para asumir una opción fundamental es necesario detenerse a pensar: ¿Qué es lo más importante en mi vida? ¿Qué me pide Dios? ¿En qué creo que consiste la felicidad? De este modo, las respuestas pueden ser diversas. Hay personas para quienes el dinero es su opción fundamental, o los negocios; para otros puede ser la educación, o el trabajo a favor de la vida, o la familia o el anuncio del Evangelio a los jóvenes.

La opción fundamental está íntimamente vinculada con la vocación a la que hemos sido llamados y nuestra valentía para responder. Por eso la oración es el espacio privilegiado para tomar esta determinación: ¿Cuál es mi opción fundamental?

La de Jesucristo puede decirse de distintos modos: Cumplir la voluntad del Padre, Anunciar el Reino de Dios con la propia vida, Anunciar y vivir las bienaventuranzas.

La opción fundamental entonces en una decisión libre que dirige las acciones de nuestra vida. Es decir, para auto-examinar nuestras acciones solemos decir: tal acto estuvo bien, tal acto no tanto; o, de modo más general: mi actitud fue buena, mi actitud está decayendo. Pero así como las acciones concretas se apoyan en las actitudes y las virtudes que vivimos, las actitudes estarán apoyadas en nuestra opción fundamental.

Como decía, entonces, toda persona de edad madura ha asumido una opción fundamental, porque quien ha optado por la desesperanza, por el estancamiento, o por la indiferencia, está ya tomando la decisión de actuar conforme a esa opción.

Cabe mencionar también que, así como el proyecto de vida, la opción fundamental estará sujeta a lo largo del tiempo a continuas revisiones para seguir dirigiendo la existencia de cada ser humano.

Ahora bien, este texto quedaría incompleto sin recordar que los obispos de América Latina y el Caribe han explicado que en esta región del mundo, la Iglesia discípula y misionera a la que pertenecemos ha de optarpor los pobres y excluidos: «Nos comprometemos a trabajar para que nuestra Iglesia (…) siga siendo, con mayor ahínco, compañera de camino de nuestros hermanos más pobres, incluso hasta el martirio. Hoy queremos ratificar y potenciar la opción del amor preferencial por los pobres». (Documento de Aparecida, 396)

Y que Dios nos libre del deseo egoísta de hacer de nosotros mismos nuestra opción fundamental.

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