PINCELADAS | Por Justo López Melús  (+) |

Mi vida entera —escribe un joven— no ha sido sino una larga búsqueda de Dios. Por todas partes, a todas horas, he buscado su huella o su presencia. La muerte no será para mí más que un maravilloso encuentro. La vida es hermosa, pero cada día me siento más extraño y peregrino. Hay que tener el corazón lleno de Dios, como un novio lo tiene lleno de la mujer que ama.

Descabezando zanahorias, masticando una brizna de yerba, arreglándose por la mañana, en medio de música de baile, mientras se resuelve un jeroglífico, se le puede decir a Dios, sin cansancio, sencillamente, que se le ama. Tan hermoso es pelar papas, por el amor de Dios, como edificar catedrales.