Por Felipe Arizmendi Esquivel, Obispo de San Cristóbal de las Casas |

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Participé en un curso de formación permanente, con un conferencista de super primer nivel, con contenidos sumamente importantes. Sin embargo, uno de los participantes, a ratos, se divertía jugando a las cartas en el “solitario” de su tableta. Otro hacía llamadas por su celular y daba mensajes en voz alta, pues es medio sordo y pensaba que nosotros no le oíamos; diversificaba nuestra atención. Varios recibían llamadas en su celular, con un timbre nada modesto y, al contestar, obviamente se distraían y nos descentraban; o vibraba su celular, que estaba en silencio pero con vibrador, y su curiosidad por ver de qué se trataba, influía negativamente en su concentración. Unos más leían en su tableta o computadora las noticias del día, mientras escuchábamos las conferencias. Algo semejante sucede en algunas asambleas.

De regreso, en un importante aeropuerto, vi a un militar con su gran arma al hombro, cerca del lugar de revisión a los pasajeros. En vez de estar al pendiente de lo que pudiera pasar, estaba entretenido viendo su celular y enviando mensajes. Nada de atención a lo que debía vigilar.

Han empezado las sesiones de los legisladores. En los reportajes noticiosos advertimos que muchos no están presentes, otros más no atienden a quien habla en la tribuna, sino que platican entre ellos, atienden sus celulares, mandan mensajes, se distraen con sus tabletas, y luego levantan la mano para votar, sin estar bien enterados de lo que se discute.

La tecnología nos ofrece grandes ventajas, sobre todo para estar comunicados e informados al instante, pero muchas veces, por contestar una llamada, dejas de platicar y de escuchar; te distraes con lo que te dicen y ya no te concentras. Puede ser hasta una falta de respeto a la persona con quien estás tratando asuntos, algunos muy importantes.

PENSAR

El Papa Francisco nos advierte: “En la cultura predominante, el primer lugar está ocupado por lo exterior, lo inmediato, lo visible, lo rápido, lo superficial, lo provisorio. Lo real cede el lugar a la apariencia. Esto sucede a menudo en el campo de los medios de comunicación social. Están apareciendo nuevas formas de conducta, que son resultado de una excesiva exposición a los medios de comunicación social. Eso tiene como consecuencia que los aspectos negativos de las industrias de los medios de comunicación y de entretenimiento ponen en peligro los valores tradicionales” (EG 62).

La tecnología ayuda a tener los textos bíblicos y la Liturgia de las Horas en el celular y en la tableta; pero el pendiente de los mensajes que pudieran llegar nos distrae para la oración. El Papa recomienda “abandonar toda ansiedad y darle tiempo, interés y dedicación gratuita. Hay que dejar de lado cualquier preocupación que nos domine para entrar en otro ámbito de serena atención. Uno sólo le dedica un tiempo gratuito y sin prisa a las cosas o a las personas que ama; y aquí se trata de amar a Dios que ha querido hablar. A partir de ese amor, uno puede detenerse todo el tiempo que sea necesario, con una actitud de discípulo: «Habla, Señor, que tu siervo escucha» (EG 146).

“La cultura del bienestar nos anestesia y perdemos la calma si el mercado ofrece algo que todavía no hemos comprado” (EG 54).

ACTUAR

Es necesario aprovechar los avances de la tecnología, sobre todo en la comunicación, pues nos acercan de inmediato con muchas personas, sobre todo para tratar y resolver asuntos que reclaman nuestra atención. Estar disponibles para servir, es muchas veces no tener tiempo para sí, es no poder descansar, es estar dispuestos a las necesidades de los demás. Esto hay que valorarlo positivamente.

Pero también hemos de educarnos para el silencio, para la sana soledad, para la reflexión personal, para escuchar a los demás, para no interrumpirles en lo que nos exponen. En las reuniones, hay que tomar acuerdos para no distraernos con los celulares, y poder centrar nuestra atención en los asuntos que se tratan y deciden. En la hora de los alimentos con la familia, hay que disfrutar la conversación y la convivencia. Hay tiempo para todo y no hemos de atarnos al nerviosismo de lo inmediato.