Por Jaime Septién |
Escuchamos, por todos lados, que el futuro del periodismo está en la web.  Y es cierto.  Pero con una condición: que el periodismo siga siendo periodismo.  Es decir, ansia de investigación, corroboración de lo dicho, frescura en el lenguaje, literatura bien entendida, ganas de comunicar.  Más aún el periodismo católico.  Aquí es donde nuestra fe se tiene que hacer cultura.  Donde, de verdad, tenemos que fincar las bases de nuestro triunfo en la batalla cultural no que se avecina; que está aquí, frente a nosotros.  Conquistar el continente digital es algo más que una presencia; algo mucho más que repetir la buena nueva.  Toda conquista exige una estrategia.  Y un saber-hacer que se fundamenta en la experiencia.
El Observador digital lo está logrando.  Con amistad de pensadores, con lealtad al oficio y con buenos, muy buenos lectores.  Este primer año ha sido como la noche en la que don Quijote veló sus armas a la espera de ser nombrado caballero andante.  El posadero que lo armó no espero a que dieran las del alba.  Lo hizo a punta de espadazos.  Y el caballero salió a conquistar aventuras, magullado y feliz.  Nos restan mil aventuras.  Esto apenas comienza.