Por Carlos Garfias Merlos, Arzobispo de Acapulco |

Muy necesario es que la ONU nos recuerde cada año, mediante el Día Mundial de la Justicia Social que se celebra cada 20 de febrero, la atención que todos hemos de poner en la justicia social como componente necesario para la sociedad. Esta celebración se sustenta en el reconocimiento que la ONU hace de “que el desarrollo social y la justicia social son indispensables para la consecución y el mantenimiento de la paz y la seguridad en las naciones y entre ellas, y que, a su vez, el desarrollo social y la justicia social no pueden alcanzarse si no hay paz y seguridad o si no se respetan todos los derechos humanos y las libertades fundamentales”.

En los últimos meses se ha manifestado en el país una gran inconformidad relacionada con la injusticia social. El hecho es que las condiciones de vida de muchos mexicanos son de una abismal injusticia debido a diversos factores, sobre todo a que el modelo de desarrollo que se ha adoptado es excluyente y margina a muchos de los beneficios de la alimentación, la salud, la vivienda, el empleo y la educación. En Guerrero es dramática la situación de injusticia social, tanto que tenemos grandes inconformidades sociales, que si no se atienden pueden generar mayor violencia y expresiones diversas de descontento.

Es importante crear condiciones de Justicia social para favorecer un desarrollo social que favorezca la seguridad y la paz. Los esfuerzos por construir la paz, que deben ser de todos, tanto de gobiernos como de la sociedad misma, nos exigen una especial atención para crear las condiciones de justicia que nos permitan avanzar en la construcción de una paz auténtica y duradera. Es la justicia social la que permite sentar las bases de una paz social, tan necesaria para el desarrollo mismo. Paz y desarrollo se implican y tienen que ir de la mano. Por ello, poner atención a la justicia es parte del esfuerzo que hay que hacer para que la paz y la seguridad puedan hacerse posibles entre nosotros.