Por Juan Gaitán |

El Reino de Dios es el centro del mensaje de Jesucristo: de sus obras y palabras. La Buena Nueva que el Señor anuncia es la llegada de una nueva realidad que ha de instaurarse en el mundo y plenificarse al final de los tiempos: una realidad que significa vida bienaventurada para la humanidad.

Es por esto que, para el cristianismo, y especialmente para la Iglesia, la misión principal es anunciar y edificar dicho Reino. Esto no se puede ignorar, aunque muchas veces en nuestras prácticas religiosas parece que el anuncio y la edificación de un mundo feliz pasa a segundo término.

Reino de Dios y plan de vida

El Reino de Dios es una tarea para cada cristiano y a la vez es el camino para su felicidad. Jesús predica las bienaventuranzas como máxima aspiración para sus seguidores. No las predica solamente con la palabra, sino que las consuma con su vida, ¿y quién podría decir que Jesús, con todo y la crueldad de la cruz, no fue un hombre pleno?

Como católicos debemos entender con claridad: La Iglesia está al servicio del Reino de Dios, nunca al revés. Es decir, nuestra existencia cristiana tiene la misión de servir al Reino. Por eso, cada plan de vida a corto, mediano y largo plazo que cada persona que crea en el Evangelio se plantee, debe saber responder a la pregunta: ¿Cómo edifico el Reino de Dios? Y la respuesta sería vana si se mantiene difusa («amando a mis semejantes»), más bien ha de buscar ser concreta: De tal a tal hora, tales días, realizo tales acciones.

¿Cuánto dedico al Reino de Dios?

Trabajando en actividades de pastoral social, he percibido que es más fácil que la gente done dinero a que done tiempo. La Iglesia –y la sociedad más allá de la Iglesia– está sin lugar a dudas llena de personas de corazón generoso, dispuestas a construir un mundo justo, amoroso y en condiciones de respetar la dignidad de cada ser humano, sin embargo, ¡hacen tanta falta las donaciones de tiempo!

Unos amigos y yo hemos comenzado un grupo que pretende encontrar a los jóvenes con Cristo, en su rostro más vulnerable. El nombre del grupo brotó con naturalidad: «TeRegaloMiTarde».
La rutina y el trabajo nos consumen reduciendo nuestro cristianismo a la misa dominical y a intentar ser «buenas personas», pero el Reino de Dios exige un compromiso mucho mayor. Jesucristo está ahí, en las calles, esperando quien le comparta un poco de tiempo.
No estaría mal irnos a la cama estos días pensando: ¿qué le regalo al Señor?

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