Misiones salesianas |

El presidente de la República de Sierra Leona, Ernest Bai Koroma, ha entregado a la organización salesiana Don Bosco Fambul en la Casa Presidencial de Freetown un reconocimiento gubernamental por su labor durante la epidemia de ébola que ha vivido el país durante el último año y medio.

El subdirector de la ONG salesiana, Samuel Bojohn, recibió la distinción de manos del presidente en una ceremonia que fue retransmitida en directo por la televisión nacional.

El premio del Gobierno de Sierra Leona reconoce la movilización que la ONG, secundada por toda la Familia Salesiana, ha realizado durante el brote de ébola para informar sobre el peligro de contagio del virus en los niños y los jóvenes a través de campañas casa por casa, los mensajes en las estaciones de radio locales, las teatralizaciones en la calle y el número gratuito de asistencia telefónica Don Bosco Childline 116, que funcionó como Centro Nacional de Registro para los niños afectados por el ébola en todo el país.

Mientras Sierra Leona sufría el miedo y la muerte por la gravedad de una epidemia sin control, la ONG salesiana se ocupó de cientos de niños de la calle en Freetown y los acogió en sus instalaciones sin descuidar su compromiso diario con el resto de sus programas de asistencia dedicados a los más necesitados.

Precisamente fue el Gobierno de Sierra Leona quien, conocedor de la gran labor de los misioneros salesianos con los niños de la calle de Freetown, encargó a Don Bosco Fambulque adaptara una escuela y se hiciera cargo de los niños que quedaban huérfanos por el ébola.

Los Salesianos superaron el miedo y, como las clases quedaron suspendidas por la epidemia, adaptaron la escuela de Lungi, alejada de la ciudad, para que tuviera dormitoriosy rehabilitaron los baños para que cada niño tuviera un grifo de agua y establecieron unprograma multidisciplinar para que los menores que llegaran al centro superaran el trauma de la pérdida de sus padres con terapias y talleres pero a la vez continuaran con los estudios.

Durante 9 meses, los misioneros salesianos acogieron a más de dos centenares de menores y adolescentes con el objetivo último de la reintegración con sus familias extendidas y siempre con un exhaustivo control para evitar contagios.