Por Rodrigo AGUILAR MARTÍNEZ, Obispo de Tehuacán |

Tenemos varias fechas y, por lo mismo, varios acontecimientos significativos y que pueden resultar contrastantes:

Con el Miércoles de Ceniza hemos iniciado el tiempo litúrgico de la Cuaresma, cuando apenas acaba de pasar la fiesta de la Candelaria, que nos remitía a la Navidad.

Celebramos la fiesta de Nuestra Señora de Lourdes, la Jornada Mundial de los enfermos.

Estamos a unas horas de recibir al Papa Francisco en México.

Está por llegar el Día del amor y la amistad.

Sin embargo no son acontecimientos que se rechacen entre si. Conviene vivirlos en presencia de Dios. Totalmente.

Recibir la ceniza es porque delante de Dios nos reconocemos pecadores y necesitados de conversión. La Cuaresma es ese tiempo de penitencia que nos va disponiendo a morir con Cristo, para resucitar con Él.

Con la fiesta de Nuestra Señora de Lourdes, celebramos a la Virgen María como Salud de los enfermos.

Conviene mucho que los bautizados celebremos el Día del amor y la amistad de manera limpia y noble, precisamente en presencia de Dios.

Pregunto: ¿A qué viene el Papa Francisco? Respondo: a traernos la misericordia de Dios; también a reanimar nuestra fe y esperanza para que seamos misericordiosos como el Padre. Con la misericordia –don de Dios y tarea humana- podemos afrontar eficazmente los retos de nuestra vida y nuestra Nación.

Dios nos da el sentido máximo de nuestra vida; no nos esclaviza, nos da plenitud. Porque hemos sido creados a su imagen y semejanza. Ahora y siempre, desde Dios y con Dios, Uno y Trino, conviene vivir y celebrar todo acontecimiento.

Antes de llegar a México, el Papa Francisco hará escala en la Habana, Cuba, para un encuentro con Kyrill, el Patriarca ortodoxo de Moscú. Encuentro delicado y muy importante para el reencuentro entre católicos y ortodoxos, que podría superar una división de mil años. También tengamos en cuenta esta etapa del viaje, para orar por el Papa y esta búsqueda de diálogo ecuménico, de reconciliación y unidad.