Por Carmen Elena VILLA |

Después de graduarse del colegio, Adriana estaba indecisa sobre qué carrera elegir. De lo que sí estaba segura era que quería dar un año de su vida a Dios por medio del servicio a los más necesitados. Esta joven de 18 años, proveniente de Hermosillo, capital del estado de Sonora en el norte de México, se encuentra en Denver desde el mes de agosto para hacer parte de “Christ in the City”, “Cristo en la ciudad”.

Christ in the City es un programa de servicio a las personas que no tienen hogar en Denver. Además de darles de comer y de vestir, los misioneros (jóvenes entre 18 y 28 años) entablan relaciones de amistad con ellos y les hacen ver su dignidad de hijos de Dios. Como nadie da de lo que no tiene los participantes de este proyecto viven una vida fuerte de oración, formación en la fe y de espacios comunitarios donde aprenden a compartir y a crecer en lazos de amistad en los que el Señor Jesús es el centro.

Los misioneros de Christ in the City prestan sus servicios por uno o dos años. También pueden servir en programas cortos de una semana o un mes durante las vacaciones.

Gracias a un contacto con una tía suya que reside en Colorado, Adriana conoció este programa y fue admitida, siendo la primera misionera procedente de un país hispano en participar de este proyecto por un período de un año (2015 – 2016).

 

Oración, amistad y solidaridad

Adriana valora mucho los momentos de oración que tienen los misioneros: “Cuando voy a la capilla lo único que trato de hacer es amar a Jesús, verle la cara. He aprendido a sentirlo en mi vida. Verlo y servirlo por medio del pobre es lo más hermoso que me ha podido pasar”.

“Lo más bonito es que Dios está aquí y le estoy dando un año de mi vida. Valoro mucho la comunidad. Somos 22 misioneros, nos queremos mucho, nos acompañamos en lo que sea. Somos como una familia donde Dios es el centro”.

“Trabajamos con las personas “sin techo”, o homeless, a quienes llamamos cariñosamente “los amigos de la calle” y aprendemos a ver al otro como nuestro hermano, a encontrar a Jesús en sus ojos y a ayudarlo como más podamos”.

Esta joven misionera comparte lo que significa para ella entablar lazos de amistad con las personas de la calle por medio del ministerio de Christ in the city: “A veces conoces a un amigo  de la calle y al día siguiente te enteras de que ya no está, de que se congeló en la noche o de que tuvo una sobredosis de droga y te queda en el corazón el saber que tú fuiste una de las últimas personas que estuvo con él”.

 

Los desafíos

Al ser admitida en Christ in the city Adriana sabía los retos que tendría que enfrentar: viajar a un país diferente y ser la única extranjera del grupo. “Yo he venido con cero inglés. Ahora creo que me puedo comunicar un poco más. No sabía muy bien cómo actuar con los demás misioneros. Con el paso del tiempo me di cuenta de que lo único que tenía que hacer era ser yo misma, enseñarles lo que soy, tratarlos de ayudar con lo que tengo”.

El choque cultural le fue difícil al principio: “Soy extrovertida y por el inglés no me podía expresar como quería. No sabía cómo contestarles, hay cosas de la cultura que no me son naturales. Aquí cada quien tiene su propio espacio. Por ejemplo, yo era de las que agarraba una pluma prestada de alguien más sin pedírsela; y los otros misioneros se quedaban mirándome y yo no sabía por qué. He aprendido que es necesario ser prudentes, pedir disculpas y entendernos mutuamente”.

 

Dando se recibe

“Ha sido un año muy hermoso” admite Adriana. “Dios te sorprende cada día, vez la realidad de la gente, muchos de nuestros amigos de la calle quieren un abrazo, quieren tener un amigo de verdad. Ahí estamos nosotros para ellos. Una vez escuché que un amigo le preguntó al otro, «si Dios amó tanto al mundo ¿por qué permite tanto sufrimiento?»  Y otro le respondió «¿y qué estamos haciendo nosotros para estar ahí con ellos? ¿para que ellos no estén en la calle?» Eso me movió el corazón y a hacer la voluntad de Dios y lo que quiera para mí. Por eso estoy aquí”, concluye Adriana.

Por ello Adriana dice que aconsejaría a cualquier joven paisano suyo a venir a Christ in the City: “No es una experiencia fácil, no todo es color de rosa y si fuera así, no sería tan importante ni diferente. Necesitamos darnos esos choques en nuestra vida para abrir los ojos”.

Para mayor información o aplicar a los procesos visite la página http://www.christinthecity.co/