Por José Francisco González González, obispo de Campeche

Se lleva a cabo, del 20 al 27 de agosto, el Encuentro Mundial de la Familia en la capital de Irlanda, Dublín. Esa es una experiencia de fe, de cultura y de fiesta de las familias católicas en torno al Papa. Cabe recordar, que este tipo de encuentros fue iniciado por el “Papa de la Familia”, san Juan Pablo II. Ha sido una experiencia para revalorar esta institución humana, tan importante y primigenia. No obstante su importancia desde la aparición del hombre sobre el planeta Tierra, la familia se encuentra en profunda crisis, desde su misma definición, ya no se diga en su realización. Con las nuevas y sorprendentes tecnologías, la familia ha sufrido un impacto directo sorprendente. Ahora, la ciencia nos demuestra que puede haber transplantes de órganos importantes y vitales, que se puede clonar a un ser humano, que se puede hacer fertilización in vitro, que se puede manipular el genoma humano, que se puede hacer ‘mezclas’ de seres vivos (no exentos los humanos con otros seres), que se pueden usar las células madres para corregir enfermedades, y más de lo que nos podemos imaginar.

¿OBSOLETA LA FAMILIA?

En este espacio, quisiéramos aludir a un escrito publicado, el 13 de agosto de 2018, por Daniel Mediavilla en el Portal digital periodístico de España, El País. El escritor pre advierte una tendencia mundial: El desarrollo de la Inteligencia Artificial (robótica). Y eso, ¿en qué afecta a la familia? ¿qué tipo de sociedades se formarán a partir de esa gran escalada de Inteligencia artificial? Es claro, que las compañías que desarrollan la inteligencia artificial están interesadas únicamente en ganar dinero. Esas compañías no tienen, en su horizonte de crecimiento, el hacer más feliz la vida humana. Si el objetivo es ganar dinero se desplazará, cada vez más, al ser humano por máquinas. Por eso, hay una gran presión de hacer que los humanos sean cada vez más obsoletos. Y si va por esa vía, la familia natural ya no sería necesaria, porque se pueden crear organismos (se usa el neologismo ‘cyborg’), que suplan a los humanos para trabajar, cuidar, conducir, dialogar, etc. Y eso puede elaborarse en producción en serie. Basta sólo adquirir el equipo que necesitas para tus necesidades personales o empresariales.

NO DESCARTAR LA VERDADERA ÉTICA HUMANA

En una visión ‘positiva’ de futuro, tendremos una civilización, donde los robots super-inteligentes harían nuestro trabajo, curarían nuestras enfermedades, nos transportarían, etc. Es aquello que veíamos, de manera futurista, en la caricatura “Los Supersónicos”. En el desarrollo de la inteligencia artificial no dejar de lado la verdadera ética humana, para que el crecimiento tenga una finalidad bien precisa, y en base a eso se diga qué es permitido (porque favorece el bien común), qué no es permitido, aunque técnicamente sea posible hacerlo (porque destruye). Ahorita estamos en época de “curiosidad” por la robótica. Algo similar, con sus limitaciones, pasó con la bomba atómica. Muchas personas deseaban, por curiosidad, saber cómo funcionaban los núcleos atómicos. Después de inventarlo, muchos de aquellos científicos desearon no haberlo hecho, pero ya era demasiado tarde, porque ya se habían creado otros intereses. Con toda la tecnología, los cambios producidos por la ciencia se están acelerando, todo tipo de trabajos desaparecerán cada vez más rápido. Otra cosa que podría suceder, si una sola compañía puede desarrollar una inteligencia artificial general, es solo cuestión de tiempo que esa compañía posea casi todo. Si la gente que acumule este poder no quiere compartirlo, el futuro será complicado. La mitología griega nos actualiza la historia. El Rey Midas le pidió a Dionisio transformar en oro todo lo que tocase. Cometió un fallo de programación. No pensaba que el dios sería tan literal al concederle el deseo, y solo fue consciente de su error cuando vio a su hija convertida en una estatua metálica.

¡Dios guarde nuestra familia y la humanidad!