Más de 64 mil fieles de la diócesis de Querétaro peregrinaron al Tepeyac al lado de su obispo, monseñor Faustino Armendáriz Jiménez

Por Chucho Picón

Como cada año, desde lo más alto de la sierra de Querétaro caminan miles de católicos, mujeres y hombres,  movidos e impulsados por su fe, en la peregrinación más grande y ordenada del país. Rumbo a la Basílica de Guadalupe, en la Ciudad de México; no les importa el hambre, el sol, el frío, la lluvia, el lodo, las llagas de los pies; no les importan los cientos de kilómetros  por caminar. Su anhelo por estar a los pies de la Santísima Virgen de Guadalupe los mueve a la hazaña de caminar durante dos semanas.

Los ancianos peregrinan paso a pasito, impulsados y anclados por sus bastones y por su fe. Las madres de familia con sus bebés enternecen, embellecen el caminar y dan ejemplo de lucha, de perseverancia, de amor por la vida; van a los pies de la Santa Madre la Morenita a consagrar a sus hijos, a los nuevos católicos, cristianos que también la amarán.

Los padres de familia no se quedan atrás: los papás, que tanto sufren por la falta de empleo y salario digno, dejan todo en sus pueblos y ranchos y cargan con sus hijos, quienes van felices y orgullosos; no les importa nada, no tienen miedo, pues van de la mano de su padre; estos niños van cantando, sonriendo y orando, y, cuando se cansan del largo camino, suben a los hombros de sus padres y desde ahí ven el camino de la vida; van seguros y felices de camino al Tepeyac.

Sólo ellos saben qué llevan en sus corazones: mandas, agradecimientos, milagros por pedir, dolores, enfermedades por curar, llantos…; sólo ellos saben por qué y para quién peregrinan este año 2018.

Son peregrinos en estado de gracia, que en cada campamento, en cada parada y etapa de esta larga peregrinación, comulgan ansiosos; casi desesperados aprietan el paso, ya quieren llegar ante el Rey de Reyes, hambrientos de la gracia de Dios. Se postran y comulgan, lloran y claman al Cielo, dan gracias; es  la gracia de Dios, es la fuerza que los mueve a vivir entre el cansancio y los dolores de los pies, es la fuerza divina para peregrinar en este mundo, la fuerza divina entre lo duro de la vida, la esperanza y la providencia de Dios.

Llegar a la meta es casi indescriptible: sus rostros se iluminan al pasar ante la Virgen de Guadalupe en su Basílica; se abre el Cielo, el tiempo se detiene, es un instante, un momento de gracia único en la vida; han dejado atrás los miles de kilómetros caminados, y las penas, los miedos, el hambre y el cansancio se olvidan ante el rostro, las manos y los pies de la Madre de Dios, la Virgen de Guadalupe.

Los jóvenes y la libertad religiosa

Monseñor Faustino Armendáriz en entrevista respondió al micrófono de El Observador que la peregrinación de este año 2018 de la diócesis de Querétaro al Tepeyac está dedicada principalmente a los jóvenes que necesitan ser evangelizados no solo con palabras, si no con nuestro testimonio. «La peregrinación ha asumido el reto de que los jóvenes sean los protagonistas en este año de la juventud, pues además cada año se suman más jóvenes a este reto de peregrinar a los pies de la Virgen de Guadalupe».

En relación al nuevo gobierno elegido en las pasadas elecciones de México, el obispo de la diócesis de Querétaro agrego: «El nuevo gobierno de México tiene que ver con estas manifestaciones de fe que implican todo un tema de libertad religiosa y que la Iglesia católica contribuye a dar estos pasos de paz y esperanza para México a través de los peregrinos y peregrinas». Y concluyó: «Los peregrinos no nos cansamos, los peregrinos queremos seguir adelante y sin duda dar un testimonio de buenas noticias por donde pasamos y caminamos».

 

Publicado en la edición impresa de El Observador del 29 de julio de 2018 No. 1203