El mundo moderno es ruidoso, veloz, caótico, frente al panorama de las apariencias, los defectos, la irracionalidad de las conductas y la desinformación de las conexiones. Sólo existe una herramienta humana que puede brindar tranquilidad en las conciencias: la virtud

Por Mary Velázquez Dorantes Twitter @mary_dts

¿Está de moda ser un hombre virtuoso?, ¿Puede el hombre moderno trabajar en pro de las cualidades? La respuesta es sí, el hombre de hoy tiene grandes recursos para ser un hombre de virtudes, pese a que los mensajes atacan la bondad, la paciencia, la comprensión por refrendar que el siglo XXI es de competencias, éxitos, economías.No existe nada más amplio que el panorama actual para las virtudes.

La gran virtud que el mundo necesita es una mente positiva, de fuerza y valor para poder enfrentar todo aquello que obstaculiza a los seres humanos para obrar con integridad y ánimo. Las adversidades golpean a los seres humanos. La pobreza, el hambre, la desigualdad son embates que hacen creer que un hombre moderno no puede ser virtuoso; sin embargo, hoy presentamos tres formas de poder serlo:

Virtudes  para ser felices

Nada preocupa más a los seres humanos que la búsqueda de la felicidad. Para ello, la principal receta es ser un hombre de virtudes intelectuales y morales, llenar nuestros actos con inteligencia y hacer el bien a los demás. ¿Cómo empezar? Integrando hábitos de ayuda a los demás, de amor hacia uno mismo, de fortaleza para resistir a las tentaciones.

El mundo actual requiere de nuevas virtudes como la prudencia y la paciencia humana; con ellas el mundo se tornará más humano, menos violento y, por lo tanto, más feliz. Se busca la felicidad y no se encuentra porque no se ha alimentado el espíritu de la humanidad; para ello es necesario integrar virtudes como la fe, la esperanza y la caridad. El hombre actual, sobre todo a causa de la ira, la envidia y la pereza, no confía en las virtudes. El miedo al futuro y la incertidumbre del existir han robado la paz y la tranquilidad para ser felices. Cuando se integran las virtudes de la felicidad se deja a un lado la existencia de uno mismo para poner atención al prójimo, justo donde se encuentra el secreto para ser plenos.

Las virtudes humanas han existido durante la historia de la humanidad. En el mundo de hoy no pueden dejar de existir porque entonces se produciría un vacío en el hombre. Lo material y la superficialidad no tienen nada que ver con la felicidad. Se requiere de justicia y equidad para combatir la negatividad y el desánimo. No se requiere ser perfecto para alcanzar a ser un hombre virtuoso.

Personas únicas  y completas

Se buscan respuestas en el mundo exterior. Se sufre de males que parecen irremediables. Pareciera que la vida es una batalla donde el hombre no ha encontrado su sitio. Es urgente que nos demos cuenta que somos personas únicas y completas. No obstante, para ello es necesario integrar los nuevos dones de la modernidad, virtudes humanas que se requieren para reencontrarnos como seres humanos hechos a la imagen de Dios. ¿Cuáles son esas virtudes modernas?

La empatía, la resiliencia, el sacrificio, la conciencia humana, que buscan sacarnos de nosotros mismos y escuchar a los demás. Es muy común que el hombre actual muera espiritualmente a causa de la decepción o los problemas. Muere porque no ha encontrado las fortalezas necesarias para entender las maravillas de la vida, el buen humor, la paz social, la confianza y el perdón. La realidad está llena de excesos y pasiones que enredan a los seres humanos. La lucha está en encontrar que, ante los embates del mundo, se puede uno recuperar con fuerza y dignidad. Para ser pleno, único y completo se tiene que ver el futuro como una oportunidad. El tiempo enseña a cada uno a sacudirse el estrés, la desesperación y el olvido.

El encuentro con la plenitud

Existen grandes vidas que inspiran y se pueden imitar. Es necesario voltear a verlas para ser personas llenas de plenitud. Las virtudes logran vincularnos con los actos de bondad, a fin de evitar las inquietudes y los desasosiegos. La gratitud es la capacidad de valorar lo que nos rodea como humanos. La amabilidad es quererse a uno mismo y a los demás. El esfuerzo implica la posibilidad de cambiar de vida. No podemos resignarnos a las épocas actuales cuando tenemos la capacidad de transformarlas. Es urgente la paz interior: el ruido comienza desde dentro; si lo dejamos iniciar quizás no lo podamos frenar. No obstante, una vida plena requiere de coraje y capacidad de recuperación. El hombre busca reinventarse de forma positiva y resolutiva, apagar los enojos y las decepciones, buscar su crecimiento espiritual y compartir su existencia con los demás.

No existen viejas virtudes. Sólo se han reintentado para acompañar a los seres humanos a vivir plenamente, reconociéndose como personas valiosas, generosas y con pensamientos positivos; no existe otra fórmula mágica para existir completos y plenos.

Virtudes cardinales

Prudencia

Dispone la razón práctica para discernir, en toda circunstancia, nuestro verdadero bien y elegir los medios justos para realizarlo.

Justicia

Consiste en la constante y firme voluntad de dar a Dios y al prójimo lo que les es debido.

Fortaleza

Asegura, en las dificultades, la firmeza y la constancia en la práctica del bien.

Templanza

Modera la atracción hacia los placeres sensibles y procura la mesura en el uso de los bienes creados.

Virtudes teologales

Fe

Por la que creemos en Dios y en todo lo que Él nos ha dicho y revelado, y que la Santa Iglesia nos propone como objeto de fe, porque Él es la verdad misma.

Esperanza

Por la virtud de la esperanza deseamos y esperamos de Dios con una firme confianza la vida eterna y las gracias para merecerla.

Caridad

Por la que amamos a Dios sobre todas las cosas y a nuestro prójimo como a nosotros mismos por amor de Dios. Es el «vínculo de la perfección» y la forma de todas las virtudes.

 

Publicado en la edición impresa de El Observador del 12 de agosto de 2018 No.1205