Tomás de Híjar Ornelas, Pbro.

Cuando hay un dialogo verdadero, ambos lados están dispuestos a cambiar

Thich Nhat Hanh

Luego de una plegaria común en el Centro Ecuménico, inspirada en el arrepentimiento, la reconciliación y la unidad de la Iglesia, almorzó con los líderes del Consejo en el Instituto Ecuménico de Bossey; luego tuvo lugar el encuentro por la unidad de los cristianos en Europa, impensable en otro tiempo, pero que hoy, 500 años después del cisma de Occidente, tiene ante sí, dijo, estas expectativas: caminar, orar y trabajar juntos hacia la paz y la unidad.ace dos meses, el 21 de junio del 2018, el Papa Francisco tomó parte en una peregrinación ecuménica a Ginebra para sumarse a los festejos por el aniversario 70 de la fundación del Consejo Mundial de Iglesias. Fue una jornada intensa que comenzó en el aeropuerto de esa capital, donde lo recibió Alain Berset, presidente de la Confederación Suiza por el Partido Socialista.

«Caminar exige una continua conversión de uno mismo», señaló, e implica romper con «la tranquilidad doméstica» de los «que atienden cómodamente sus propios asuntos sin exponerse a los riesgos del viaje». Y añadió: «según el Espíritu, siguiendo el itinerario inaugurado por el Bautismo», es necesario romper con «la vía de la posesión, la lógica del egoísmo, con la que el hombre intenta acaparar aquí y ahora todo lo que le apetece», hasta que «empujado por sus propios instintos, se convierte en esclavo de un consumismo frenético», instante en el que «la voz de Dios se silencia», reemplazada por el repudio a los demás «sobre todo si son incapaces de caminar por sí mismos, como los niños y los ancianos», pues «se convierten en desechos molestos». Ante esa perspectiva, «la creación no tiene otro sentido, sino el de producir en función de las necesidades».

Subrayó que la sal y la luz cristianas en una era dominada por el consumismo materialista consiste en repudiar la mundanidad «eligiendo la lógica del servicio» y avanzando «en el perdón». Y enfatizó que las divisiones entre cristianos las ha producido siempre una mentalidad mundana, pues el ecumenismo auténtico, más allá de «las tendencias conservadoras o progresistas que lo objetan porque lo consideran ‘trabajar sin provecho’, sólo porque no se protegen como es debido los intereses de las propias comunidades, a menudo firmemente ligados a orígenes étnicos o a orientaciones consolidadas», «rechaza cualquier repliegue autorreferencial».

Caminar según el Espíritu, concluyó el Papa, consiste en purificar «el corazón del mal, eligiendo con santa obstinación la vía del Evangelio y rechazando los atajos del mundo». Pidió, por último, «caminar juntos, orar juntos, trabajar juntos» como camino fundamental: «Este camino tiene una meta precisa, la unidad. La vía contraria, la de la división, conduce a guerras y destrucciones. El Señor nos pide que invoquemos continuamente la vía de la comunión, que conduce a la paz».

Los católicos en México tenemos ante nosotros un reto grandísimo en lo que al camino del ecumenismo respecta. Diversas modalidades cristianas son ahora una realidad tangible que apremian a los responsables de ellas a procurar una ruta que sustituya el enfrentamiento y la descalificación mediante el encuentro tolerante, respetuoso y fraterno.

Esa oportunidad ha de organizarse desde trincheras no clericalizadas ni combativas, pues implica transitar un trecho largo y accidentado pero indispensable hoy, toda vez que –ya lo hemos comentado en esta columna–, por primera vez en nuestra historia los cristianos no católicos, como parte de una sociedad plural y democrática, se han organizado para hacerse oír como tales en el ámbito público y político.

Publicado en la edición impresa de El Observador del 9 de septiembre de 2018 No.1209