María Santísima, Madre de Dios, es la misma en cualquiera de sus advocaciones. En el siglo XVI, cuando tuvo lugar la batalla de Lepanto, en América la principal advocación era, sin duda alguna, la de la Virgen de Guadalupe, del Tepeyac. En España había muchas advocaciones muy veneradas, entre ellas la Virgen de Guadalupe, de Extremadura —anterior a las apariciones marianas a san Juan Diego—, y la Virgen del Pilar.

Lo que quizá nadie hubiera esperado es que en una embarcación de la flota de la República de Venecia ondeara una bandera con la Morenita del Tepeyac.

Hay un grabado que muestra una escena de la batalla, advirtiéndose claramente la bandera con la Madre Santísima de Guadalupe en una embarcación. Y aunque no está precisada la fecha de dicho grabado, no se puede suponer que sea una licencia que el artista se haya tomado.

Realmente, durante la batalla de Lepanto del 7 de octubre de 1571, su imagen sirvió como insignia cristiana de la galera de Gian Andrea Doria, el principal de los capitanes de la República de Venecia.

Al almirante Doria le correspondía comandar el flanco derecho de la flota cristiana. Pero al parecer estaba más atento en no perder sus propias naves que en vencer a los turcos otomanos, razón que le hizo no atender la orden de don Juan de Austria, que le indicó no separarse a fin de no dejar huecos para que así las naves musulmanas no pudieran pasar. Su desobediencia redundó en que los turcos se aprovecharan de ello y causaran la pérdida de la nave capitana de la República de Malta y la muerte de sus tripulantes. Pero durante la larga batalla finalmente supo conquistar varios barcos del enemigo.

HISTORIA DE LA BANDERA

Volviendo a aquella bandera de la Virgen del Tepeyac, ésta había sido obsequiada por el dominico Alonso de Montúfar, segundo arzobispo de México, al rey Felipe II de España, quien a su vez la regaló a su medio hermano el príncipe don Juan de Austria, y éste la dio al almirante Andrea Doria para que presidiera su galera durante la batalla de Lepanto.

El lienzo aún existe: la familia de Gian Andrea Doria la fue traspasando de generación en generación durante algunos cientos de años, hasta que, al llegar el siglo XIX, el encargado de custodiarla fue el cardenal Giuseppe Maria Doria Pamphilii.

Sin embargo, en 1797 los Doria habían perdido el señorío sobre el pueblo, y en 1811 el cardenal Doria, que fue secretario de Estado con los Papas Pío VI y Pío VII, decidió donar la imagen al pueblo de Santo
Stefano d´Aveto.

En la actualidad se conserva en el templo de La Madonna di Guadalupe, de aquel mismo pueblo.

Esto, finalmente, hace constatar que, a 40 años de las apariciones de la Madre de Dios en América, las reproducciones de su imagen ya se encontraban en Europa y que era estimada ahí, lo que descarta la idea de que en aquel siglo la devoción guadalupana era exclusiva de nativos americanos, criollos y mestizos.

Redacción

TEMA DE LA SEMANA: LA BATALLA QUE SALVÓ A LA CRISTIANDAD

Publicado en la edición impresa de El Observador del 7 de octubre de 2018 No.1213