Según el teólogo herético y sacerdote suspendido Hans Küng, «el celibato ‘no es santo’, no es ni tan siquiera ‘sagrado’; es más bien ‘funesto’». Así lo escribió, en marzo de 2010, en el Süddeutsche Zeitung, un periódico de Múnich, culpando entonces a Benedicto XVI del problema de los escádalos sexuales clericales por no abolir el celibato.

Küng intencionalmente silencia la enseñanza bíblica sobre la grandeza del celibato (por ejemplo, Lc 18, 29-30 y I Co 7, 32-34). Pero el que opta por este tipo de castidad toma por modelo a Jesucristo, virgen y modelo de la perfección humana. Y el seminarista ya está haciendo esa opción libre. Así que el seminario debe ser un lugar privilegiado para el cuidado de la sexualidad, de manera que el futuro sacerdote pueda vivir el don del celibato y, si es ordenado, tenga las herramientas morales y espirituales para continuar haciéndolo por el resto de su vida.

Pero eso no significa que el seminarista, el diácono, el presbítero o el obispo verá desaparecer los impulsos sexuales, como si fuera un eunuco, sino que los dominará en vistas a un fin mucho más alto, del que habla Jesucristo con estas palabras: «Hay eunucos que así nacieron desde el seno de su madre, y hay eunucos que fueron hechos eunucos por los hombres, y también hay eunucos que a sí mismos se hicieron eunucos por causa del Reino de los Cielos» (Mt 19, 12).

Los estudios muestran que los abusos y demás escándalos de índole sexual en los ambientes eclesiales católicos no son debidos al celibato, pues en tal caso no sucedería entre los ministros protestantes, que sí son casados; sin embargo, ellos tienen un índice mucho mayor de sentencias legales por pedofilia (10%, frente a un 1.7%, en caso de sacerdotes y obispos católicos).

La raíz del problema

Entonces, si el celibato no es el culpable de los numerosos escándalos actuales, ¿dónde está la causa? Francisco ha expresado que el clericalismo nutre al abuso en la Iglesia: «Clericalismo, modo anómalo de entender la autoridad en la Iglesia, muy común en numerosas comunidades donde se han verificado comportamientos de abuso de poder, de conciencia y sexual».

Benedicto XVI había señalado otra causa más: «Procedimientos inadecuados para determinar la idoneidad de los candidatos al sacerdocio y a la vida religiosa».

Nada de lo anterior contradice el parecer del presbítero mexicano Hugo Valdemar, quien, igual que muchos otros sacerdotes y obispos alrededor del mundo, señala que la causa principal de los abusos sexuales «está en la homosexualidad del clero».

Efectivamente, el Instituto John Jay, contratado por los obispos de Estados Unidos para analizar el origen de los escándalos en su país, había concluido que es un problema ligado al pecado homosexual, pues el 86% de todos los casos de abuso se han registrado contra varones (especialmente seminaristas), y el restante 14% contra mujeres.

Hoy se sabe que, aunque desde 1961 la Iglesia ya había indicado que personas que tuvieran actividad sexual con personas de otro sexo o del mismo sexo no podrían ser sacerdotes, y que desde 2005 Benedicto XVI giró una «Instrucción de la Congregación para la Educación Católica», donde establece que la Iglesia «no puede admitir al seminario y a las órdenes sagradas a quienes practican la homosexualidad, presentan tendencias homosexuales profundamente arraigadas o sostienen la así llamada cultura ‘gay’», hubo algunos que jugaron intencionalmente para el bando contrario

Bella Dodd, dirigente del Partido Comunista Americano de 1927 a 1949, tras convertirse a la fe católica bajo la dirección del arzobispo Fulton Sheen, dio testimonio público en más de una ocasión de lo siguiente: «Obtuvimos las instrucciones del Kremlin en 1929 sobre lo que debíamos hacer: deberíamos tomar lo mejor y lo más brillante, los tipos que eran inteligentes, lo suficiente como para vivir una vida doble; hombres guapos que fueran sociables para que el obispo los notara y los promovieran, se convirtieran en directores de vocaciones, se convirtieran en obispos, se convirtieran en rectores de seminarios, posiciones influyentes ».

Así fue como se logró que agentes comunistas que eran homosexuales, sin fe ni moral, se infiltraran en los seminarios de Estados Unidos en la década de 1920, y fueran ordenados entre la década de 1930 y 1940. Dodd reconoció que logró infiltrar a mil cien de estos agentes en la Iglesia católica.

Y no es el único caso conocido. Una investigación a cargo del sacerdote estadounidense John Lavers, que inició en abril de 2012, y cuyos hallazgos fueron confirmados por otra investigación de carácter independiente, reveló la existencia de una amplia red homosexual en diócesis del este de los Estados Unidos. La red incluía una supuesta «casa de formación» establecida por la arquidiócesis de Newark en 2003 cerca de las ciudades colombianas de Medellín y Bogotá. A los seminaristas que habían sido expulsados de varios seminarios colombianos por actividad homosexual se les decía que debían dirigirse discretamente a la casa de «discernimiento» estadounidense si querían un boleto para ir a seminarios gay-friendly en EU; y, al llegar a ese país, eran distribuidos en distintos seminarios.

¿Qué hacer?

Aunque los escándalos sexuales sean perpetrados por seres humanos, ninguna solución será suficiente si se pierde de vista que «nuestra lucha no es contra enemigos de carne y sangre, sino contra los Principados y Potestades, contra los Soberanos de este mundo de tinieblas, contra los espíritus del mal que habitan en el espacio» (Ef 6, 12-13). En una guerra espiritual hay que echar mano de las armas espirituales.

Pero eso no quita que también se apliquen diversas medidas para cuidar a los seminaristas y a los sacerdotes. Entre ellas pueden mencionarse:

▶ La creación de una «línea directa» para denuncias de abuso sexual. La Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos anunció que establecerá este sistema, gestionado por terceros, para registrar, por teléfono o en línea las denuncias de abuso sexual contra eclesiásticos.

▶ Que toda forma de abuso sexual también sea reportado ante las autoridades civiles.

▶ Scott Hahn, profesor de la Universidad Franciscana de Steubenville, propone que los sacerdotes condenados por abusos sexuales no deben ser simplemente reducidos al estado laical sino excomulgados. El aviso de un castigo ejemplar puede disuadir a muchos de pecar.

▶ Guardar cierta distancia afectiva con el sacerdote, sobre todo en el caso de las mujeres. El impulso de abrazar y coger a besos a un sacerdote al que se le quiere agradecer o reconocer su labor pastoral, podría convertirse en una tentación para él.

▶ Para tener sacerdotes santos se necesita una comunidad que ore, ayune y haga penitencias por ellos. Los sacerdotes son más tentados que los seglares, porque Satanás sabe que, cuando un sacerdote cae, arrastra consigo a muchos feligreses decepcionados.

Redacción

TEMA DE LA SEMANA: CUIDAR AL SEMINARIO

Publicado en la edición impresa de El Observador del 4 de noviembre de 2018 No.1215