El mundo parece haber caminado este 2018 otro poco más hacia el abandono de la llamada globalización.

En los años 90, habiendo terminado la Guerra Fría y tras darse la autodisolución de la Unión Soviética, el proteccionismo económico perdió fuerza para dar paso a la globalización, con la promesa de un mayor crecimiento y una mejor redistribución mundial de la riqueza. Y así comenzaron a desaparecer los aranceles (impuestos a las importaciones) y a multiplicarse los tratados de libre comercio.

La globalización llevó, pues, al abandono creciente de los nacionalismos, bajo la idea de la «aldea global» y la aspiración a la «ciudadanía mundial».

En esta nueva relación no sólo la política, la economía, la tecnología o los medios de comunicación sobrepasaron las fronteras nacionales, sino también los problemas. Si un país globalizado entra en crisis, todos los otros son afectados en alguna medida.

Este sistema mundial logró posicionarse. Y la prometida redistribución de la participación en las ganancias ciertamente hizo que muchos países alcanzaran un mayor bienestar; pero, en contrapartida, las desigualdades sociales aumentaron.

El drama de las migraciones de los últimos años es ejemplo de que la globalización no logró que todos pudieran alcanzar la riqueza en sus propios pueblos y naciones. A la vez, la llegada masiva de extranjeros a países donde con mayor bienestar económico ha hecho que resurjan los populismos y los nacionalismos, así como los proteccionismos económicos.

Algunos ejemplos de esto: el nuevo nacionalismo proteccionista de Trump en Estados Unidos, que ha reintroducido los aranceles para productos de México y Canadá, lo que ha obligado a estos países a hacer lo mismo contra productos estadounidenses; la guerra capitalista entre China y Estados Unidos; el ascenso de la derecha nacionalista en Brasil con el triunfo electoral de Bolsonaro como presidente; los nacionalismos izquierdistas de Venezuela y Bolivia; la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea; el descenso político de Angela Merkel en Alemania; o el triunfo en México de López Obrador en las elecciones presidenciales del 1 de julio, tras prometer en su campaña el retorno al nacionalismo.

Parece, pues, que en 2018, las contiendas electorales se han dado ya no tanto entre derechas e izquierdas, sino entre globalistas y nacionalistas, y los últimos son los que han estado ganando.

Redacción

LA TAREA PENDIENTE

El 18 de noviembre de 2011 Benedicto XVI criticó «la sumisión incondicional a las fuerzas del mercado o de las finanzas, el nacionalismo, el tribalismo exacerbado y estéril que puede llegar a ser funesto».

La tarea que hay por delante es, de acuerdo con el hoy Papa emérito, por un lado, no temerle a la modernidad, pero, por otro, construir con «prudencia para el bien de todos» sin olvidar el pasado.

En política y en economía el bien común debe ser la «mayor preocupación de todo sujeto responsable».

Si el mundo se queda en la globalización, hay que cuidar, tal como señaló Juan Pablo II en mayo del año 2000, que ésta jamás viole «la dignidad humana» ni reste «importancia a las personas ni a los sistemas democráticos». Que la globalización sea positiva o negativa, advertía dos años más tarde el santo pontífice, depende de algunas decisiones básicas: para ser positiva, la globalización debe regirse por la solidaridad, la participación y la subsidiariedad responsable.

En su discurso del 2 de mayo de 2003 en la sede de la ONU, Juan Pablo II advirtió que «globalización que exacerba la condición de los necesitados, que no contribuye lo suficiente a resolver las situaciones de hambre, de pobreza, de desigualdad social», puede «llevar a reacciones extremas que conducen al nacionalismo a ultranza».

Si el mundo decide retornar a los nacionalismos, Francisco ha pedido el pasado mes de septiembre que esto no lleve a difundir «sentimientos de sospecha, temor, desprecio y hasta odio con individuos y grupos considerados diversos por su pertenencia étnica, nacional o religiosa, y en cuanto tales, considerados no dignos de participar en la vida de la sociedad».

TEMA DE LA SEMANA: LO QUE 2018 NOS DEJA DE TAREA

Publicado en la edición impresa de El Observador del 16 de diciembre de 2018 No.1223