Los dos acontecimientos más impactantes en la vida de la Iglesia en 2018 han sido, sin duda, el sínodo de los obispos sobre «Los jóvenes, la fe, y el discernimiento vocacional», y la crisis por los abusos sexuales realizados y/o encubiertos por algunos miembros del clero.

Para el sínodo se consultó previamente a jóvenes cristianos y no cristianos a fin de que opinaran sobre asuntos de la Iglesia; además, Francisco determinó que lo que se publicara en el documento final tendría carácter de Magisterio ordinario para la Iglesia. Otra novedad fue la participación de algunos jóvenes en las discusiones sinodales.

Algunos obispos, alemanes entre ellos, expresaron su contento al cierre del sínodo, al que calificarlo de «revolución». Otros quedaron incómodos, entre otras cosas, porque en el documento final los redactores filtraron la expresión «orientación sexual», ya que la de «jóvenes LGBT» que aparecía en el Insturmentum laboris fue tajantemente rechazada por los sinodales. Además, el documento final fue presentado como «complementario» al Instrumentum laboris; pero este último no fue preparado por el sínodo ni fue votado por los padres sinodales, por lo que no expresa el pensamiento de los obispos, así que esta decisión ha generado algún desconcierto.

En cuanto a la crisis de los abusos sexuales, ésta no es asunto tan nuevo: Juan Pablo II se encontró en su pontificado con el escándalo en México por abusos sexuales del fundador de los Legionarios de Cristo.

A Benedicto XVI le tocó afrontar los escándalos en Irlanda, pero también en Estados Unidos y Australia, y, para que tales pecados no volvieran a repetirse, estableció medidas de justicia, de ayuda a las víctimas y de prevención. Además admitió la existencia de un «lobby gay» en el Vaticano, al cual combatió.

Para Francisco 2018 fue un año difícil en cuanto a este tipo de escándalos. En enero de 2018 se topó en Chile con el caso de la diócesis de Osorno; y en agosto, en Irlanda, con el asunto de los abusos de niños entre 1936 y 1990 en instituciones católicas, y de 85 curas desde 1975. El «informe Viganò», develado el 27 de agosto, tuvo el mismo efecto a nivel eclesial que el movimiento «Me Too» a nivel secular en 2017, motivando que las víctimas de abusos denunciaran sin importar el tiempo transcurrido.

Entre los países con diócesis en las que actualmente hay denuncias y/o investigaciones por casos de abuso o de encubrimiento figuran Alemania, Argentina, Australia, Bélgica, Colombia, Chile, España, Francia, Holanda, Honduras, Inglaterra, Italia, México, Perú, República Dominicana y el propio Vaticano.

Varias diócesis han tenido que indemnizar con grandes cantidades de dinero a las víctimas por sentencia judicial; pero, al mismo tiempo, el atractivo de hacerse de dinero —o alguna otra motivación—llega a empujar a algunas personas a hacer acusaciones falsas. Ahí está, por ejemplo, el informe de Alemania que habla de tres mil 677 víctimas a manos de mil 670 clérigos católicos, desde 1946 hasta 2014; pero ya de entrada el 6% de las acusaciones fueron oficialmente dictaminadas como falsas por los fiscales, y otras más, que representan el 34%, se vinieron abajo por contradicciones entre los presuntos testigos.

LA TAREA PENDIENTE

El 15 de abril de 2008, en respuesta a la pregunta de un periodista en su vuelo hacia Estados Unidos, Benedicto XVI ya había dicho lo que hay que hacer ante la crisis de los abusos sexuales:

«Excluiremos rigurosamente a los pederastas del sagrado ministerio…. Quien es realmente culpable de pederastia no puede ser sacerdote».

«Las víctimas necesitarán curación y ayuda, asistencia y reconciliación».

«Al sacerdocio sólo podrán ser admitidas personas sanas, personas con una profunda vida en Cristo, personas con una intensa vida sacramental… Los obispos y los rectores de los seminarios harán lo posible para llevar a cabo un discernimiento muy estricto, porque es más importante tener buenos sacerdotes que muchos sacerdotes».

Y agregó en su vuelo hacia Australia en julio de 2008:

«Debemos reflexionar para descubrir en qué ha fallado nuestra educación, nuestra enseñanza, durante los últimos decenios. Hay cosas que siempre son malas, y la pederastia siempre es mala. En nuestra educación, en los seminarios, en la formación permanente de los sacerdotes, debemos ayudarles a estar realmente cerca de Cristo».

Francisco ha convocado a los presidentes de las conferencias episcopales de todo el mundo a una reunión para hablar de la prevención del abuso de niños y adultos vulnerables. Tendrá lugar en el Vaticano del 21 al 24 de febrero de 2019.

Se espera que, con las oraciones de todos los cristianos, el resultado final permita alcanzar justicia real y prevención eficaz.

TEMA DE LA SEMANA: LO QUE 2018 NOS DEJA DE TAREA

Publicado en la edición impresa de El Observador del 16 de diciembre de 2018 No.1223