El origen de las pastorelas, las piñatas y las posadas

DE LOS «AUTOS» A LAS «PASTORELAS»

En España y otros países europeos existían, desde la Edad Media, los «autos», que eran representaciones teatrales relacionadas con festividades religiosas importantes, como el Viernes Santo, la Navidad o la Epifanía, que con el tiempo dieron el salto del interior de los templos a la plaza pública. La finalidad de los «autos» era didáctica, y su carácter, alegórico y atemporal. Se ponían en escena a personajes abstractos que encarnaban los vicios y las virtudes.

Esto también llegó a la Nueva España. Los «autos» escritos en lengua náhuatl servían para trasmitir los dogmas centrales de la religión cristiana al pueblo, de forma que la doctrina fuera fácilmente asimilable.

Los «autos» relacionados con la Navidad se estructuraban en tres partes: un prólogo, el «auto» en cuestión y una canción o un villancico en el que se condensa la idea básica desarrollada previamente en el «auto». Pero mientras en España fueron desapareciendo, en México proliferaron, y acabaron convirtiéndose en las «pastorelas».

Parece que la primera escenificación data de 1527 en Cuernavaca, bajo el título «La comedia de los Reyes». Hay documentos que hablan de otra pastorela, escrita en náhuatl, que representa la batalla entre san Miguel y Lucifer.

Lo básico de las «pastorelas» se ha mantenido por más de cuatrocientos años. Escritas por lo regular en verso, tienen la misma trama: los pastores van en busca del Niño anunciado por los ángeles, y el demonio intenta disuadirlos.

DE LAS «MISAS DE AGUINALDO» A LAS «POSADAS»

Los religiosos del monasterio de San Agustín de Acolman —a 40 kilómetros de Teotihuacan— solicitaron por medio de fray Diego de Soria al Papa Sixto V el permiso de realizar «Misas de Aguinaldo», que ya existían en Filipinas.

El pontífice concedió dicho permiso en 1587, de manera que se podía hacer un novenario de Misas al amanecer, del 16 al 24 de diciembre, como preparación a la Natividad.

Como las «Misas de Aguinaldo» eran multitudinarias, y solía haber mucho ruido y otras prácticas impropias para la Misa —por ejemplo, se llegaba a echar desde los coros de los templos bizcochos y dulces a los fieles, o bien se permitía el uso de silbatos y sonajas—, todo ello llevó a que, con el tiempo, el novenario saliera del templo para practicarse en los barrios, con lo que se dio origen a las llamadas «posadas», convertidas entonces en auténticas fiestas populares pero cristianas.

Las «posadas» adquirieron ciertas variantes según el lugar donde se celebraban; pero lo fundamental siempre se mantuvo: rezar el Rosario; peregrinar, en medio de cantos, con los Santos Peregrinos; pedir posada para ellos; romper piñatas; repartir aguinaldos y ofrecer ponche caliente de frutas a los participantes.

Se acostumbran las velitas mientras se pide la posada, y la quema de luces de bengala una vez que se han abierto las puertas a María y José.

LAS «PIÑATAS» Y SU GENIAL SIGNIFICADO EVANGELIZADOR

Al llegar los misioneros españoles a América vieron que los nativos (mayas, aztecas y otras etnias) elaboraban vasijas y esculturas de arcilla huecas con las formas de sus dioses, y las rellenaban con frutas y granos; las rompían en festividades religiosas, y el contenido derramado venía a representar los favores concedidos por los dioses.

Los frailes misioneros supieron inculturar aquella práctica para hacer una catequesis de cada piñata, como complemento del novenario previo a la Natividad o «Misas de Aguinaldo».

La olla, vistosamente revestida como una hermosa estrella, representa a Satanás, que muestra el mal de una forma hermosa y atractiva para atraer a la humanidad. Cada uno de los picos representa uno de los siete pecados capitales.

El palo con que se rompe la piñata, o sea, con que se destruyen los planes del demonio, representa el madero de la Cruz, porque sólo el santo sacrificio de Jesucristo puede destruir las obras del diablo y salvar a la humanidad.

Los ojos vendados representan la fe el Cristo —porque la fe es ciega—, necesaria para que el ser humano pueda vencer las tentaciones del Maligno.

La fruta y los dulces que caen como lluvia cuando se logra romper la piñata son el premio, que es figura de la Gracia y las bendiciones que Dios da a los que confían en Él.

TEMA DE LA SEMANA: CÓMO LLEGÓ LA NAVIDAD A MÉXICO

Publicado en la edición impresa de El Observador del 23 de diciembre de 2018 No.1224