Por Felipe Monroy*

Una de icónicos momentos del expresidente Peña Nieto sucedió frente a periodistas después de dar un discurso que, intuimos, pensó que era muy bueno: «Ya sé que no aplauden», se dijo por lo bajo.

El poder siempre busca vítores y elogios; y, por desgracia, nunca faltan aduladores que no quieren contrariar al encumbrado.

Pero hay sectores que no tienen tiempo ni ganas para aplaudir cuando en conciencia y libertad sienten el deber de alzar la voz e incomodar en lo necesario. Esos sectores son las estructuras intermedias de la sociedad.

En varias oportunidades he insistido en el tremendo valor de las estructuras intermedias para el destino de los pueblos. Los centros educativos y culturales, la industria, empresas y sindicatos, las organizaciones y defensores sociales, los medios de comunicación y toda la pléyade de iglesias o grupos religiosos son las instancias que dan verdadera corporeidad a la profunda construcción social.

Cuando estas estructuras se ven amenazadas por la ambición de los poderes fácticos, el autoritarismo del gobierno o la dominación ideológica de entes supranacionales, los pueblos mueren de a poco en su identidad y su libertad; sufren lentamente y, cual bestia herida, presienten el fin de su era sin dejar de devolver su último zarpazo que representa toda su dignidad o su honor.

La corrupción, la violencia, el despojo y la alienación han atacado inmisericordes a las estructuras intermedias en México: ideologización que narcotiza a la formación y la cultura, corrupción que corroe todas las relaciones económicas y la violencia que silencia la heroicidad de las libertades fundamentales. Nada de esto puede remediarse con la sola voluntad del gobierno o de la masa popular, se requiere la mediación de estas capas intermedias de cultura, transformación y diálogo. Siempre hará falta ese re-conocimiento (anagnórisis social) que recuerde a la ciudadanía su protagonismo histórico ante las condiciones que le afligen. Luchar contra la corrupción, la ambición de poder, la violencia y el despojo son sus tareas permanentes; pero no aplaudir.

*Periodista

TEMA DE LA SEMANA: DE CARA A LOS PRÓXIMOS SEIS AÑOS

Publicado en la edición impresa de El Observador del 2 de diciembre de 2018 No.1221